Crónica de un hueso roto: a celebrar la 4ta semana de recuperación!

Es momento de continuar con las crónicas de un hueso roto. Hoy es sábado 20 de octubre, hoy cumplo cuatro semanas de recuperación, cuatro semanas después del accidente y cumplimos cuatro semanas de vivir en un hostal. 

 

Ya puedo recostarme en la hamaca!
Ya puedo recostarme en la hamaca!

Ayer regresó Paolo, el italiano que también se accidentó en el volcán el día que yo me rompí la clavícula. Paolo frenó con la cara – por así decirlo -, tomó velocidad, trató de detenerse y se fue de cara, el resultado: se le levantó la piel de la frente y la nariz, además de los golpes que recibió en el cuerpo.  Vino aquí a León a festejar el cumpleaños de no sé quién, él vive en Managua y trajo a algunos amigos.

 

Aquí en el hostal vivimos “de fijo” unas siete personas, la mitad porque son voluntarios aquí en Sonati (el hostal) y los otros, viajeros que decidieron hacer un alto.  Con esas personas se ha ido construyendo una relación, quizá no de amistad en todos los casos, pero si de convivencia y derecho de burlarnos unos de otros.

 

Lance (Inglaterra), uno de los siete, nos ha reunido al menos a mí y a Roman (Suiza) a jugar cartas los últimos días. Ayer por ser viernes David cubrió su turno por la tarde y no por la noche, así que para las 10:30pm ya estaba libre.  Yo había estado jugando cartas, había ron, cerveza y cada vez más gente.

 

 

Seguimos el juego hasta que llegó Paolo, entonces todos se iban a Via-Via, un bar/hostal/restaurante bastante popular aquí en León.  David y yo hablamos sobre la posibilidad de unirnos al grupo y seguir la fiesta por primera vez desde el accidente.  Decidimos salir y festejar nuestras cuatro semanas “en cautiverio”. Fue una muy buena decisión… ya nos hacia falta salir, bailar, despejarnos y tomar unos tragos, qué mejor que con el grupo con quienes hemos convivido desde el inicio.

 

Las proviciones
Las proviciones

Pensé que no soportaría estar entre tanta gente, que  me empujaran o lastimaran, pero al llegar se me olvidó todo.  Comenzamos a bailar – intentar bailar -, Lance compró cerveza para todos y tiro la mitad al suelo, al parecer sus manos se ponían resbalosas conforme pasaba tiempo en el bar… Nos reímos muchísimo.

 

David estaba algo intranquilo, le preocupaba cualquier persona que se acercase, tenía miedo que me empujaran o lastimaran.  La verdad es que yo también estaba un tanto nerviosa, pero me ayudó mucho saber que él no dejaría que nadie se acercara. 

 

Después de Via-Via, fuimos a Siesta Perdida (otro bar/hostal) y para terminar fuimos a Camaleón “el lugar del after-party”.  En este último el hombre de seguridad dijo que Lance no podía entrar porque estaba demasiado borracho, pero el cadenero dijo que si entraba y así fue.  La gente en general estaba notoriamente borracha, ya era tarde, yo me sentía muy cansada y Lance apenas y podía mantenerse en pie.  Después de una cerveza nos fuimos a casa, y nos llevamos a Lance por supuesto. 

 

El camino fue difícil pero yo no podía parar de reír,  estaba lloviendo y Lance decidió caminar por el agua; cayó dos o tres veces antes de llegar al hostal. Fuimos los primeros desertores, todos los demás siguieron al menos un par de horas más de fiesta.  En el hostal, las caídas de Lance continuaron – en el lobby, la cocina, el patio, el pasillo, su habitación – hasta que logró acostarse.  Sé que es bastante peligroso, pero yo no aguantaba la risa cada vez que lo oía azotar. 

 

La evidencia no miente...
La evidencia no miente...

Hoy por la mañana nos despertamos con la noticia de que “alguien” había roto el espejo retrovisor de la Zaigua.  Claudia, la administradora de Sonati lo encontró hecho trizas en el suelo esta mañana, y fue ella quien nos dijo. Carlos – que cubrió el turno dela noche – dice no haber escuchado NADA.

 

Revisamos el espejo, no fue un accidente, alguien decidió hacer la gracia solo por “molestar un poco”.  Nuestro plan era ir  a la playa, pero es muy difícil conducir la camioneta sin ese espejo, además para la suerte que tenemos con los policías nicaragüenses, seguramente nos ganamos una multa.  El día lo pasamos buscando un repuesto o una solución.  Mi idea era pegar las piezas – mucho más barato y fácil que conseguir un repuesto para Combi – y después de revisar las opciones fue lo que hicimos.

 

David pegó las piezas y ahora estamos esperando a que sequen para colocar el espejo en su lugar, aunque Noni – el fundador de Sonati – nos recomendó no ponerlo hasta que nos vayamos de León, ya que corremos el riesgo de que lo vuelvan a romper.


 

En cuanto a mi fractura, todo indica que ya estamos en la fase final, puedo sentir que aun falta tiempo para poder decir que he sanado – David ya esta pensando en la posibilidad de quedarnos otras dos semanas después de mi cita el 30 de Octubre, yo espero que no sea necesario – pero sobrevivimos nuestra primera fiesta y además… Ya puedo dormir de lado!! – obviamente no del lado roto pero si del contrario, por fin descanso -.

 

En mi siguiente blog les contaré un poco más de la vida en Sonati, crónicas de la vida en el hostal.

 

Andrea

 

Sonati
Sonati

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