Matapalo

Matapalo
Matapalo

Matapalo, es el nombre del lugar en el que estamos, un pequeño pueblo de costa.  Anoche al llegar aquí no teníamos mucha idea de dónde estábamos, excepto lo que el hombre que nos trajo aquí dijo “pueden estacionarse al lado de mi hotel, ahí tenemos espacio para aparcar, es seguro, justo al frente de la playa”, después incluyó que él también tenía un van y que siempre es bueno toparse a alguien que te ayude.

 

Hoy despertamos al lado de un hotel, efectivamente, rodeados de pasto y palmeras, al final de un angosto camino que terminaba frente a la playa.  El hotel, son cabañas tipo safari completamente amuebladas, alrededor de una piscina.  Por lo que leímos mas tarde son “enormes tiendas de campaña” por las que se pagan entre 150 y 400 dólares por noche.  “Estábamos” en el hotel Bahari.

 

 

Al lado de hotel Bahari, ahí amanecimos.
Al lado de hotel Bahari, ahí amanecimos.
Espacio entre la orilla y el agua...
Espacio entre la orilla y el agua...

Ayer leí que Matapalo tenía enormes olas, y no es recomendable nadar a menos que seas un buen surfer… adiós diversión.  Hoy la playa estaba muuuuy alejada de lo que anoche era la orilla, las olas rompían decenas de metros antes de donde lo hacían ayer, la marea estaba bastante baja.  Me iba a poner mi traje de baño cuando llego una camionetita 4x4 y se estacionó justo detrás de nosotros. Era una pareja, saludando a todas las personas que estaban alrededor.  El hombre nos saludó, “¿esta bien (la camioneta) ahí? Si necesitan mas privacidad puedo moverla”.

Se llama Adrián, es cubano y vive aquí en Costa Rica con su esposa Beth, ella es estadounidense.   Estaban aquí porque ella da clases de yoga  a un grupo de mujeres justo al lado de donde tenemos la Zaigua, Adrián quería animarme para que me les uniera a la clase, pero preferí quedarme a platicar –jaja- . Estuvimos hablando durante toda la clase, nos contó de su vida aquí en Costa Rica, de cómo era este país hace unos años y de Cuba.  Terminó invitándonos a comer tamales a su casa esta tarde.  Pasaría por nosotros a las 3pm.  

 

Fuimos a nadar,  pero yo estaba algo nerviosa porque Adrián había mencionado que en temporada de vacaciones, casi cada semana se ahoga alguien porque las corrientes ahí en Matapalo son muy fuertes.  Incluso él y Beth tuvieron una muy mala experiencia tiempo atrás. 

 

No estuvimos mucho tiempo en el agua, nos fuimos a jugar a las palas (tenis de playa) y pude ver los avances que he tenido con el brazo, ya se siente mas fuerte y seguro, aunque mis movimientos siguen siendo algo torpes.  Mineras jugábamos llegó un hombre ya grande a saludar, se llama Ron, es de California y es dueño –desde 1996-  de una de las pocas propiedades que hay aquí.

 

 

Mas tarde estuvimos en el área de las cabañas del hotel,  esta mañana David había hablado con Locky, el chico que nos trajo aquí anoche, dueño del lugar.  Yo no estaba ahí, pero dice David que es alguien sumamente amable, nos ofreció usar las duchas de la piscina e ir a las cabañas si necesitábamos internet, además por supuesto, de permitirnos estar aquí. 

 

Beth y Adrián
Beth y Adrián

Llegó Adrián por nosotros, su casa esta al lado opuesto de la playa, en la montaña. En la zona no vive casi nadie, así que sus paisajes son arboles y más arboles entre las montañas.  Beth había preparado yuca –jamás la había probado- , plátanos al vapor y agua de piña con miel, además comimos los tamales  -que aquí están rellenos de arroz, papa, zanahoria, pimiento y carne de cerdo, envueltos en hoja de plátano, muy ricos-. Estuvimos platicando un buen rato de su vida aquí en Costa Rica y algunos viajes, son una pareja muy graciosa y con puntos de vista bastante interesantes acerca de cómo es la vida en este país.  

 

Se hizo de noche y debíamos regresar a donde habíamos dejado la Zaigua.  Nos despedimos de Beth y Adrián, quizá los veamos mañana, pero en caso de que no sea así nos dijimos adiós.

 

 

La comida -yuca, plátanos, tamal, tomate-
La comida -yuca, plátanos, tamal, tomate-

Regresamos a nuestro lugar y al poco rato comenzó a llover.  Ahora vamos a dormir porque ya mañana nos toca continuar con la ruta.

 

La verdad que hasta ahora hemos encontrado a gente súper amable y amigable aquí en Costa Rica, como dicen los ticos “pura vida!”

 

Andrea

 

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