Aves, playa Piñuela y Golfito

Cuando está saliendo el sol y escuchas una gran variedad de pájaros a tú alrededor avisándote que ya es hora de levantarte, la verdad es que te despiertas de una manera diferente para afrontar un nuevo día.  Me levanté a las 6 para hacer ejercicio y se oían aves por todos lados, así estuvieron hasta que comenzó a hacer un poco de calor, en ese rato pude ver y oír entre 10 y 15 clases de pájaros diferentes, mucho mejor que la música del gimnasio…

 

Al terminar desperté a Andrea y nos fuimos a caminar hasta la playa Tortuga para ver si podíamos llegar con la Zaigua. En el trayecto seguimos observando diferente clases de aves e insectos. Nos llamó una mariposa especialmente la atención porque estaba camuflada de tal manera que parecía la cabeza de una serpiente, increíble.

 

El camino estaba muy embarrado y la furgoneta no podía llegar a la playa, pero nosotros sí lo hicimos. Playa Tortuga no es muy grande pero se caracteriza porque todavía conserva un toque salvaje que le da bastante carácter. Regresamos a la Zaigua y seguimos con nuestro empeño de encontrar otra playa en la que darnos un baño.

Primero llegamos a playa Ventanas.  Aunque todas las playas en Costa Rica son públicas el acceso era privado.  El dueño, un extranjero al que no llegué a entender de donde era, nos pedía C2000 (eso creo porque tenía un acento muy fuerte en inglés) por pasar por su propiedad y poder quedarnos en la playa. Fuimos a echar un vistazo y se veía linda pero había muchas rocas y ramas. Además la Zaigua la teníamos que aparcar muy lejos de donde nos íbamos a bañar así que decidimos dejarlo para otra ocasión. Ésta playa nos gustó por un cerro en el que el mar había horadado dos túneles que conectaban la playa con el mar abierto, muy bonito e impresionante por el ruido que hacían las olas al entrar por los túneles.

La segunda playa a la que fuimos (y en la que finalmente nos quedamos) fue playa Piñuela, uno de los lugares de acceso al Parque Nacional Isla Ballena. Normalmente hay que pagar $6 por persona para entrar, pero era lunes y no había ningún guardia forestal para cobrar la entrada por lo que pudimos entrar gratis. La playa era perfecta: muy bonita y además pudimos desayunar al lado de la orilla (además cuenta con baños y duchas).

Después de desayunar nos dimos un chapuzón y continuamos con la rehabilitación de Andrea: otra sesión de tenis de playa. Hoy pudimos jugar bastante más tiempo, su clavícula se va recuperando muy bien aunque todavía de vez en cuando le duele bastante.

 

Cuando nos estábamos duchando nos llevamos la sorpresa del día, aparecieron dos tucanes!!! Nos quedamos boquiabiertos porque no nos lo esperábamos. Hoy oficialmente ha sido el día en el que más aves hemos visto.

 

Recogimos todo y nos pusimos en camino con dirección hacia Golfito o Pavones para pasar posiblemente nuestra última noche en Costa Rica. Para llegar a Golfito seguimos el camino difícil atravesando el Parque Nacional Piedras Blancas y mereció totalmente la pena. Estaba lloviendo y había niebla en las montañas, todo se veía muy bello. Únicamente íbamos preocupados porque el camino estaba muy embarrado y en alguna ocasión creímos que nos íbamos a quedar atrapados en el lodo. Afortunadamente estaban arreglando el camino y pudimos llegar hasta Golfito.

 

Golfito no es como nos lo habíamos imaginado, nos sorprendió gratamente. Golfito es un puerto que está dentro de otro golfo (por eso Golfito) con casas iguales a las que nos habíamos encontrado en Tela (Honduras). Es un pueblo costero muy pintoresco que merece la pena visitar.

Nos quedamos en un parque a las afueras de Golfito que se veía tranquilo. Aunque estaba lloviendo aprovechamos los últimos minutos de luz para cocinar la cena. Cuando terminamos de cenar se nos acercó un hombre y empezamos a charlar un poco de todo. Otra vez apareció la hospitalidad costarricense y Martín, así se llama, nos invitó a su casa para que por lo menos durmiéramos mejor en su garaje cubierto que en el parque. No nos pareció una mala idea y nos fuimos con el.

 

Martín vive junto su esposa, suegra e hijo menor en un barrio muy tranquilo en el que todo el mundo se conoce. Nos invitó a un café y allí seguimos hablando mucho más sobre la vida en Costa Rica. Martín (como todas las personas que hemos conocido en Costa Rica) también se quejaba del costo de la vida en su país en comparación a otros países centroamericanos y en todas las trabas que te pone el gobierno para por ejemplo construir una casa. Es curioso que todo el mundo se queja de lo mismo: altos impuestos y demasiados papeleos y dinero para conseguir algo que en sí no debería ser tan complicado.

 

También nos habló sobre los diferentes trabajos que ha tenido a lo largo de su vida y como ahora trabaja en el sector del turismo formando a futuros guías turísticos y a la vez es orero.

Nos contó que la península de Osa en el que se encuentra el parque más famoso de Costa Rica, Parque Nacional Corcovado, esconde una gran cantidad de oro. Parte de ese oro ya ha sido sacado por multinacionales o por el mismo gobierno, pero actualmente no hay ninguna gran compañía que esté sacando oro. Aun así, todavía queda mucho oro por encontrar y hay bastantes oreros viviendo en condiciones precarias sacando oro de las quebradas de la península de Osa. 

 

Martín con su nieto
Martín con su nieto

También rememoramos los tiempos en los que estuvo trabajando para la Compañía Bananera de Costa Rica perteneciente al grupo Standard Fruit Company. Nos mostró muchas fotografías de los años 70 y 80 en las que se veía como era la vida en Golfito y en las plantaciones bananeras.  En ese momento entendimos porque las construcciones aquí eran iguales a las de Tela en Honduras, habían sido construidas por la misma compañía.

Martín nos estuvo explicando el funcionamiento de dicha compañía a través de las fotografías e incluso nos hizo un CD con todas las fotografías para que las tuviéramos para nuestro documental, fue todo un detalle.

 

Sin darnos cuenta se había hecho tarde y ya nos empezábamos a sentir cansados. Nos despedimos de Martín y su familia y en breve vamos a dormir bajo el porche que tan amablemente nos han cedido. Mañana no sabemos que haremos, quizás vamos hacia Pavones o a lo mejor cruzamos hacia Panamá, ya veremos como nos levantamos…

 

David

 

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