De lado en lado...

Hoy cuando desperté David estaba hablando Emilio, el chico de protección civil, resulta que nos había llevado una caja de suplemento alimenticio, como apoyo a nuestro viaje –que buen detalle-, pero no pudimos aceptarla por el espacio que ocuparía.  Nos dejó dos bolsitas del suplemento, solo debes agregar agua y listo.

 

Todo el equipo se ha portado muy bien con nosotros, siempre es bueno saber que hay un lugar al que podemos llegar, sentirnos seguros y además, hacer amigos.

 

 

Nos despedimos de los chicos y nos pusimos en camino. Lo primero fue llegar a la casa de un hombre que trabaja con Volkswagen, nos dijeron que quizá él podría ayudarnos.  La revisión de la Zaigua fue sencilla, quitó la llanta y el tambor y concluyó que era el balero lo que fallaba.  Nos recomendó a un vendedor en ciudad Panamá, que maneja piezas VW.

 

Hoy teníamos claro a dónde ir, primero llegaríamos a Agua Dulce, quizá quedarnos allí.  Nos dimos cuenta que Agua Dulce es un puerto…. Así que seguimos camino en busca de playa.  A David se le ocurrió ir hacía la montaña, me pareció buena idea cambiar un poco de clima.  Cambiamos el rumbo hacia un lugar que se llama La Pintada; lo único que sabíamos de ese pueblo es que es la cuna de los sombreros pintados de Panamá.

 

Al poco rato estábamos ahí, las calles e veían vacías, las casas amplias y muy arregladas, el pueblo era diminuto.  Las únicas personas en la calle eran un grupo a caballo.  Era evidente que en el lugar se manejaba bastante dinero. Luego vimos un letrero que decía que la población era de 143 personas.  

 

Nos fuimos a la playa.  De regreso en la panamericana, Playa Blanca estaba a pocos kilómetros. El camino hasta la playa estaba rodeado de enormes resorts y apartamentos, parecía una zona bastante exclusiva. Todos los accesos a la playa eran privados. 

Un niño nos indicó por donde ir para llegar al área publica. Un camino estrecho y en malas condiciones nos llevó hasta un acceso. Había otros carros estacionados a la orilla del camino, desde ahí se veía la arena blanca y el mar.

 

Pasamos la tarde ahí, la playa era muy bonita, la corriente era muy rara –tranquila y fuerte a la vez-.  Sabíamos que el lugar se quedaría solo por la noche, así que antes de que atardeciera nos fuimos a buscar dónde pasar la noche. 

 

El pueblo más cercano a Playa Blanca es Río Hato.  Llegamos a la estación de policía y les preguntamos por un lugar en el que pudiésemos estacionarnos y pasar la noche.  Los policías se desconcertaron, insistían en que fuésemos a un hotel pero les explicábamos que eso no estaba en nuestro presupuesto. Pensaron unos minutos y nos dijeron que podíamos quedarnos aquí, en el estacionamiento de al lado. Fueron bastante amables. 

 

Hace rato llegó el capitán y platicó un rato con nosotros acerca del proyecto.  Él no quiso dar su opinión sobre por qué no abrir una carretera en el tapón del Darién. Luego entre bromas se despidió.

 

Estamos cansados, hemos ido de un lugar a otro todo el día. Así que ahora vamos a dormir, por fin!

 

Andrea

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Hilda (miércoles, 28 noviembre 2012 21:08)

    Andrea me hace muy feliz que lleguen a lugares donde encuentren buenas personas que los apoyen y se preocupen hasta por su buena alimentación!
    Lástima que no pudieron aceptar ese regalo!!
    ¡Felicidades por esa gran construcción en la orilla del mar!!

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