Tras cuatro días de viaje llegamos a Cartagena

Si hay algo que hemos aprendido durante los 4 meses y medio que llevamos viajando es a valorar cualquier detalle por insignificante que parezca, por eso dormir anoche en una cama después de varias noches pernoctando en el suelo fue muy gratificante.

 

A las 7 de la mañana ya estábamos en el muelle esperando a la lancha que nos llevaría hasta Turbo, se suponía que el bote partía a las 7:15 pero no fue así. Para empezar estaba lloviendo y la lancha no tenía ningún tipo de protección, íbamos a acabar como una sopa porque la travesía duraba alrededor de dos horas y media. Poco a poco empezaron a llegar nuestros compañeros de viaje y bastante más gente, pensábamos que era imposible que todos tuviéramos un lugar en la lancha.

Primero pesaron el equipaje que llevábamos cada uno, si te pasabas de 10kg había que pagar 1000 pesos colombianos por cada kilo. Después de un rato nos empezaron a llamar en el orden en el que habíamos comprado los boletos. Cuando pensábamos que ya no nos iba a tocar oimos nuestro nombre e incluso siguieron nombrando a más gente.

La mafia del puerto: el hombre  del medio y los que están a su derecha
La mafia del puerto: el hombre del medio y los que están a su derecha

A nosotros nos parecía que era imposible que pudiera entrar tanta gente en un bote tan pequeño pero nos tocó apretarnos y embarcamos 40 adultos y 2 bebés, demasiada gente. Otro monopolio más en el que el dueño hace lo que quiere y los usuarios tienen que aguantarse porque no hay otra opción. En Capurganá no hay carreteras hacia otros lugares ni aeropuerto asi que el viajero y/o turista queda a merced de un puñado de personas que en muchas ocasiones se comportan como auténticos mafiosos, solo les importa el dinero y el trato que se recibe es muy deficiente.

 

Mario preparándose para salir
Mario preparándose para salir

Con bastante retraso sobre la hora prevista de salida partimos hacia Turbo, lo bueno es que había dejado de llover. Viajábamos como en una lata de sardinas, no había ningún espacio para poder estirarse. Lo bueno es que debido al peso hoy no "volábamos" por encima de las olas.

 

Cuando llevábamos como un tercio del camino tuvimos que hacer una parada en una bahía porque uno de los empaques de un motor se había dañado y necesitaban repararlo. Estuvimos casi una hora esperando en la que aprovechamos a secar toda la ropa que traíamos mojada.

Reanudamos el camino y a las 11:30 llegamos a Turbo. Se acabaron las islas paradisiacas y las playas de arena fina y agua cristalina, Turbo es una ciudad en la que lo mejor es pasar el menor tiempo posible. Nada más llegar el agua desprende un hedor casi insoportable y se observa mucha suciedad en las orillas. Las casas están en muy malas condiciones y se siente un ambiente bastante cargado. En cuanto pisas tierra decenas de personas te empiezan a gritar ofreciéndote un medio de transporte para cualquier lugar de Colombia, es un auténtico caos.

 

Aquí nos despedimos de Mario y Etsa que se dirigían hacia Perú, su compañía fue muy grata y aprendimos mucho de ellos, ojalá nos volvamos a encontrar en el camino.

 

Para el resto del grupo (ahora éramos 7 adultos y 3 niños) nuestro próximo destino era Montería. Estuvimos negociando con varias personas para conseguir asientos en una buseta. Después de un rato logramos un precio de 30,00 pesos colombianos, muy buen precio teniendo en cuenta que lo normal son 45,000 o 37,000 dependiendo de el vehículo.

Nos dijeron que en 20 minutos venía una buseta a recogernos, al final pasó más de una hora. Tampoco nos importó mucho porque teníamos bastante hambre y aprovechamos para comer.

En cuanto llegó la buseta se volvió a formar un lio, aparecieron personas por todos los lados alegando que nosotros éramos sus "clientes" y reclamaban su comisión. Fue un auténtico desastre y la situación se complicó, la única manera de entenderse era gritando. Nosotros preferimos subir todo el equipaje a la buseta porque no confiábamos en nadie. Al subir, vimos que solo quedaban 3 asientos libres para nuestros amigos canadienses y nosotros, querían que uno de nosotros viajara sentado. Nos negamos, nos bajamos y volvimos a discutir. Nos dijeron que ya estaban los 4 asientos disponibles. No me lo creí, subí para comprobarlo y efectivamente estaban libres, no se como pero a alguien lo habían echado de su asiento. Volvimos a subir y comenzó el espectáculo de pagar el ticket.

 

Todos la personas que supuestamente nos habían ayudado empezaron a decirnos que le diéramos a ellos el dinero, llegado este punto es muy importante no hacer caso a ninguno y darle el dinero directamente al conductor y que ellos se arreglen.

Por fin todo parecía que estaba tranquilo pero a los 5 minutos de iniciar el trayecto uno de los "ayudantes" que todavía seguía en la buseta comenzó a discutir con el asistente del conductor por su comisión. No hubo ningún acuerdo y acabaron a golpes, la buseta no tendría televisón para ver una película pero teníamos combate de boxeo en vivo...

Creíamos que una vez llegáramos a éste autobús podríamos descansar de tanto salto en las lanchas, nada más alejado de la realidad. Íbamos unos 10 pasajeros más de lo debido y había bultos y maletas por todo el pasillo. Lo peor fue que la carretera estaba llena de baches y el conductor parecía que iba a apagar un fuego, incluso derrapábamos en las curvas, otro suplicio de viaje.

Al llegar a Montería nos despedimos de Jon, Rafael y su familia, todos se iban a Santa Marta que está a dos horas más allá de Cartagena, nos deseamos suerte y cada uno buscó un transporte para su destino. Volvimos a quedar Susie, Paul y nosotros dos.

 

Solo pudimos encontrar una furgoneta que nos llevara hasta Cartagena, acordamos el precio en 40,00 pesos colombianos y a las 18:00 saldríamos hacia Cartagena. Otra vez el trayecto fue un completo infierno, no era una carretera, era un camino de cabras y lo peor es que se suponía que íbamos en una autopista!! A estas alturas ya estábamos acostumbrados a saltar sobre nuestros asientos pero el cansancio era cada vez mayor, ya estábamos bastante hartos.

Por fin a medianoche arrivamos a Cartagena, estábamos agotados y lo único que queríamos era encontrar un lugar para dormir y descansar unas horas. Al lado de la terminal había un hotel y sin dudarlo nos metimos en un cuarto.

 

Todavía no me puedo creer que hayamos tardado 4 días, tomando 3 lanchas y 2 autobuses para hacer un recorrido que en avión se tarda poco más de una hora. Sin embargo a pesar de todas las dificultades que hemos pasado, no nos arrepentimos de toda esta travesía, tanto lo positivo como lo negativo ha sido muy enriquecedor. Ahora solo queremos amanecer mañana descansados para empezar los trámites en el puerto y sacar la Zaigua para poder dormir en nuestra cama.

 

David

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Comentarios: 2
  • #1

    andres (viernes, 21 diciembre 2012 20:19)

    saludos espero que colombia sea de su agrado, david te cuento capurgana si tiene aeropurto tienen vuelo solo a medellin (recomendado medellin)

  • #2

    Zaigua (sábado, 22 diciembre 2012 13:18)

    Andrés tienes razón, gracias por la información, ya está corregido, un saludo.

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