Hostelería callejera: tortilla española y horchata mexicana

Llevamos unos días con una idea en la cabeza que no se nos va. Ayer Tiago nos dio el empujón que necesitábamos y lo decidimos: vamos a abrir un puesto de comida en la playa. Estuvimos pensando que podíamos preparar, tenía que ser algo novedoso, conocido, fácil y que si no lo vendíamos nos pudiera aguantar para el día siguiente (si no nos lo comíamos antes). También tenía que ser algo característico de nuestros países, después de analizar todas las ventajas e inconvenientes decidimos que íbamos a vender tortilla española y agua de horchata mexicana, un puesto de comida internacional, que lujazo.

Ahora teníamos que solucionar nuestra estancia en Taganga, aunque en el hostel Casa Grafitti estábamos pagando muy poco por utilizar sus espacios comunes nos ofrecimos a ayudarles con su página web y ellos a cambio nos dejaban seguir usando sus instalaciones durante una semana. Les pareció una buena idea y enseguida nos pusimos de acuerdo, Orlando y Deyanira (los dueños) fueron muy accesibles.

Sin darle más vueltas fuimos al mercado de Santa Marta y compramos todos los ingredientes que necesitábamos para cocinar (patatas, huevos, cebolla, pimiento, arroz…) y para vender (platos, servilletas, tenedores…). Como suele ocurrir en el mercado todo es más barato que en el supermercado y conseguimos todo por muy buen precio.

Regresamos al hostel y nos pusimos a la tarea. Lo más complicado fue preparar la horchata, necesitábamos una licuadora y en el hostel no tenían ninguna. Me acerqué hasta un restaurante cercano y nos prestaron su licuadora, preparamos unos 4 litros de horchata. Después empezamos a hacer las tortillas, entre los dos todo fue rápido y no tardamos mucho en cocinar un par de tortillas con pimiento, cebolla y el ingrediente especial: cilantro.

Cuando acabamos de cocinar agarramos nuestras sillas pequeñas, la mesa plegable, el pizarrón, la “toalla-mantel” y la comida y nos fuimos al malecón. Estaba anocheciendo y mucha gente ya se había marchado pero eso no nos desanimó, buscamos un lugar en el que no molestáramos y hubiera suficiente luz y allí instalamos nuestro chiringuito: “tortilla española y horchata mexicana”.

Los primeros minutos nos sentíamos raros, como fuera de lugar, pero poco a poco nos relajamos más y llegaron las ventas. En el rato que estuvimos vendimos una tortilla entera (6 porciones) y un vaso de horchata (aquí nadie conoce la horchata), no estaba nada mal teniendo en cuenta nuestra experiencia en la hostelería. Lo que más nos gustó (además de sacar un dinero extra) fue que tuvimos la oportunidad de conocer a gente nueva, en especial conocimos a un par de chicos y una chica de Bogotá con los que estuvimos charlando durante casi una hora sobre Colombia y nuestros países.

Podemos decir que hoy ha sido un día muy productivo: conseguimos alojamiento por una semana en la playa, nos aventuramos en la hostelería callejera y conocimos a gente local que nos está ayudando con información para nuestro proyecto. Nos ha gustado tanto que mañana vamos a repetir, a ver si un día de estos conseguimos alguna estrella Michelin…

 

David

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