Del rancho a la mina - Catedral de Sal

Esta mañana desperté enterrada debajo de tres cobijas, la mía – mi inseparable- y otras dos que la temperatura nos obligó a agregar. La alarma sonó a las seis de la mañana, hacía frio, yo la ignoré pero al poco rato David comenzó a hacer ruido para que me levantara. Me vestí y salí de la Zaigua, el viento se sentía frio y el sol aún no se veía por ningún lado. Me puse a hacer ejercicio junto con David, eso mitigaba el frío y ayudaba a que mis rodillas se “desentiesaran”.  

Anoche, Mauricio el chico que esta de guardia de seguridad en la Casa de la Cultura, nos dijo que hoy es día de mercado de ganado, ‘van a ver el ganado pasar por aquí –señalando la avenida del frente- si quieren ir pues lo siguen, no se van a perder’. Mauricio dijo que los ganaderos llegaban a eso de las cuatro o cinco de la mañana, no sabíamos si alanzaríamos a verlos. De pronto vimos a un hombre con su vaca atada del cuello con una soga, iban otros cuatro detrás de él ofreciéndole dinero por el animal, se dirigía al mercado de ganado, los otros trataban de convencerlo de aceptar el dinero que le daban ya que era tarde y no encontraría mejor oferta; se negó y continuó su camino.

Los hombres y las mujeres llevaban sus sombreros y botas, muchos llevaban encima un jorongo – o poncho – de lana. Otros llevaban gorras, botas plásticas y chamarras, como si acabaran de salir del establo. Me recordaron a algunos de mis tíos en Chihuahua. Había ganado por todos lados, de todas las edades, tamaños y colores; también uno que otro puerco.

Las transacciones llevaban tiempo, primero el comprador revisaba al animal – a ojo -, luego escuchaba el precio y comenzaba a regatear. Cuando llegamos el lugar estaba lleno de gente y animales, poco a poco se fue vaciando, al final quedaban las vacas más flacas.

 

Desayunando
Desayunando

Algunos, como el hombre que vimos esta mañana, llegan al lugar con su animal, buscando la mejor oferta. Otros llegan con camiones llenos de ganado, de rancherías que a eso se dedican. Es muy interesante, incluso divertido estar en medio del barullo, cuidándote de que no se te venga una vaca encima o que algún animal te de una patada, mientras alguien te habla de lo bien cuidado que esta su ganado.


Desayunamos ahí mismo con los rancheros, entre los corrales, las ofertas y los fuertes ‘muu’s’. Compramos un tinto y un tamal. El tamal tenía dentro sí dos piezas de pollo, arroz, carne de puerco y zanahoria, era enorme.

Tamal
Tamal

Salimos del lugar. Todos comenzaban a llevarse su ganado, o recién adquirido o que no pudieron vender. La Casa de la Cultura estaba a solo cuadras, caminamos hacia allá, el sol ya había salido y se sentía su calor chocando con el viento frio. Detrás de la Casa de la Cultura está parte del viejo ferrocarril, completamente en desuso, excepto por un hombre que pasa ahí las noches según nos dijo Mauricio.

Entramos al edificio, aquí se da lugar a niños y adolescentes para tomar clases de música, y realizar actividades lúdicas. No pudimos obtener mucha información, el guardia nos dijo que podíamos subir pero que no había mucho que ver. En el lugar hay unas diez vitrinas con objetos antiguos que se produjeron en la zona, fotografías en las paredes y pequeñas notas explicativas.

 

Regresamos a la Zaigua y comenzamos camino hacia Zipaquirá, la ciudad en la que se encuentra la primera maravilla de Colombia, la Catedral de Sal, a unos 80 kilómetros de donde estábamos.

En el camino comenzamos a ver letreros de ‘lácteos y quesos’ y ‘fresas con crema’. Decidimos parar. Nos detuvimos en una tienda de quesos, en el pueblo de Ubaté. Compramos uno que David casi se termina ahí mismo. Seguimos camino hasta toparnos con varios otros que vendían fresas con crema, paramos en uno y la señora nos recibió con dos enormes muestras de queso – David se comió ambas-. Pedí un tinto y tarta de queso, luego pedimos más tarta de queso… La señora nos regaló arequipe para poner en la tarta, no podía ser mejor. Continuamos el camino con la panza llena.

Apenas entramos a Zipaquirá David se dio cuenta de que la camioneta no frenaba, luego vimos que le salía humo, paramos en un local que decía ‘Frenos Frenos Frenos’. La revisaron y nos dijeron que traíamos muy buenas pastillas de freno – gracias Iván – pero que se habían sobrecalentado y los pistones de una de las llantas delanteras estaban pegados. El mecánico dijo que eso no sería mayor problema y comenzó a despegarlos. Salimos mucho más tranquilos, y frenando.

Llegamos a la mina, la Catedral de Sal, ahí nos dirigieron a con la persona encargada de prensa para que nos autorizara la entrada y la filmación adentro para Zaigua. Una vez dentro de la Catedral nos unimos a un tour y recorrimos el impresionante – y frío – lugar. El trayecto recorre todas las etapas del viacrucis y muestra una cámara para cada fase. Las cámaras son enormes y ostentan una cruz cada una. Al final se llega a una capilla en la cual se presenta la cruz subterránea más grande del mundo. A pesar de que, como David y yo, no seas muy religioso, el recorrido sorprende ya que esto es en definitiva una majestuosa obra ingenieril.

Tributo a los mineros muertos.
Tributo a los mineros muertos.

La profundidad a la que se encuentra la Catedral de Sal es de 180 metros, situada en la cuarta capa subterránea. Los primeros en explotar la riqueza salina del lugar fue la cultura Muisca, ellos utilizaban este mineral para transacciones con otras culturas. El proceso comenzaba en los ríos: las mujeres iban y llenaban grandes cantaros de agua, después los llevaban a hervir, una vez evaporado todo el líquido quedaba al fondo del cántaro un mineral sólido y blanco, la sal. La cultura fue prospera, en gran parte gracias a este mineral.

 

A la llegada de los españoles los Muiscas se vieron obligados a trabajar para los europeos, y entregar a ellos toda la producción. Para el siglo XVIII la explotación se realizaba de forma más efectiva gracias a la utilización de herramientas; comenzó entonces la explotación dentro de la mina en lugar de que fuese desde la superficie.

 

La ciudad se convirtió entonces en una de las más importantes del país, gracias al comercio de la sal. A partir de ello la explotación se dio por niveles, el primero y más cercano a la superficie se trabajó a partir de bóvedas, de igual manera el segundo.

 

Para el tercero, el espacio de explotación era mucha mayor y la indumentaria más moderna; el espacio está divido en bóvedas alargadas, una frente la otra, son tan grandes que en cada una cabe un avión de pasajeros.

 

Para el cuarto nivel se crearon espacios que semejan panales subterráneos, de enormes dimensiones – dentro cada uno pudiese ponerse una réplica exacta de la Torre Eiffel. Este es el procedimiento más moderno y seguro, ya que se utilizan válvulas de presión para la extracción del mineral.

Pantalla LED
Pantalla LED

Dentro de la mina vimos un película en 3D que explica el funcionamiento de la mina y su explotación a lo largo del tiempo. Hay también una sala para show de luces -cuenta con la pantalla de tecnología LED más grande de Latinoamérica-, cafeterías y tiendas de suvenires.

Espejo de Agua
Espejo de Agua

Casi por último vimos el Espejo de Agua, un hermoso fenómeno de ilusión óptica que se da gracias a la interacción de la roca salina y el agua. Es como si uno se asomara a un profundo hueco, como si la mina continuara en esa dirección; luego te das cuenta de que es agua con menos de 10cm de profundidad.    

 


La Catedral de Sal es considerada la mina con mayores reservas de sal en el mundo, fue declarada primera maravilla de Colombia en 2007. El lugar tiene unas dimensiones y estructura impresionantes.

Vista de Zipaquirá
Vista de Zipaquirá

Terminamos nuestro recorrido y salimos rumbo al centro histórico de Zipaquirá, aprovechamos para comer y comprar la cena. Esta noche nos quedaremos al lado de la Policía Nacional, ya mañana seguiremos conociendo esta ciudad.

 

 

Andrea

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