El sueño prometido

Los días en el cantón Pedro Moncayo siguen transcurriendo igual de monótonos. La diferencia es que ahora al levantarme ya no me preocupo por donde vamos a dormir esta noche sino en todo lo que tenemos atrasado del proyecto, toca trabajo de oficina. Lo bueno es que contamos con el apoyo de Fernando y tengo las oficinas de la Fundación Coagro disponibles para cuando las necesito. Esto me facilita mucho mi tarea sin embargo paso más horas de las que debería en frente de la computadora, incluso los fines de semana…

 

Hoy recibí una llamada que me ha dejado intranquilo el resto del día. Estaba solo en la oficina y sonó el teléfono, me extrañó porque no era horario de atención al público pero aun así contesté. Al otro lado de la línea escuché una voz muy joven preguntando por un guía. Le contesté que estaba llamando a la Fundación Coagro y que qué tipo de guía necesitaba, me dijo que se había confundido y colgó.

No había pasado ni un minuto cuanto el teléfono volvió a timbrar. Era el mismo chico preguntando otra vez por un guía, le respondí que había vuelto a llamar al mismo lugar y le dije que llamara a la policía, que seguro que ellos le podían ayudar. Sin embargo su contestación hizo que le prestara totalmente atención e incluso cambió mi tono de voz, me dijo “no puedo, es que me he escapado de casa y estoy perdido”.

 

Le pregunté por su edad y me dijo que tenía 16 años y que se llamaba Darío. Yo también me presenté y sutilmente le animé a que me fuera contando más cosas sobre su situación. Según Darío, tenía mucha plata y ya no quería estar en su casa, quería salir de la pobreza y que la gente le dejara de mirar por encima del hombro, quería viajar y conocer sitios maravillosos, comprar una casa bonita y tener una familia. Se sentía triste y solo, decía que a los 13 años ya se había marchado y había llegado hasta Centroamérica. Ahora tenía plata porque un amigo se la había dado por unos favores (nunca me llegó a decir que tipo de favores) y quería llegar hasta México porque desde allí esa persona le iba a ayudar a conseguir su sueño.

 

No podía creer lo que estaba escuchando, me acordé de Melissa nuestra amiga de Tapachula que trabaja con jóvenes migrantes. Ella nos relató historias muy tristes de adolescentes centroamericanos que llegaban a México engañados o con un sueño totalmente distorsionado y muchos de ellos desaparecían tratando de conseguir ese sueño o quedaban atrapados dentro de redes mafiosas que los utilizaban a su antojo.

 

Darío, con su voz de niño, me seguía preguntando que si me podía contar algo más. Me decía que él no tenía miedo, que tenía muchos amigos en Centroamérica que le iban a ayudar y que iba a viajar haciendo “auto-stop”, que ya lo había hecho antes y aunque era peligroso estaba dispuesto a hacerlo otra vez para escapar de la situación en la que se encontraba.

 

Le dije que yo estaba haciendo ese viaje pero al revés y que si de verdad lo quería hacer le podía aconsejar, además ya pronto iba a anochecer y viajar de noche es muy arriesgado. Le comenté que mejor mañana se pasara por las oficinas de Coagro y hablábamos sobre este tema. Intercambiamos direcciones pero ni yo sabía donde se encontraba él, ni Darío sabía donde me encontraba yo. Además añadió que el ya iba a salir de camino hacia Colombia. Le dije que no iba a poder pasar más allá de Ipiales o Pasto debido al paro cafetero, las carreteras estaban cortadas (lo cual es cierto), que no había prisa, si se iba a ir daba igual hoy o mañana.

Le di nuestra página web para que confirmara que no le estaba mintiendo y el me dio sus datos de facebook. Después de estar 20 minutos conversando me dio las gracias por la charla y se despidió.

 

Hasta ahora habíamos conversado con algunos migrantes adultos que se habían marchado hacia al norte (algunos con éxito y otros no tanto) pero es la primera vez que tenemos contacto con un niño (por su voz no me creo que tuviera los 16 años cumplidos) dispuesto a arriesgar su vida para tratar de conseguir el sueño que ve en la televisión.

 

He tratado de buscarlo en facebook pero no lo encuentro, llamé al número que aparecía en pantalla y me dice que no existe, no tengo ninguna manera de volver a contactar con Darío. Ojalá la próxima vez que sepa de él sea otra llamada suya y no su foto cualquier día de estos en la página de sucesos.

 

David

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