Cada uno con su lucha

Lo bonito del proyecto que estamos realizando es la cantidad de gente que conocemos todos los días, cada uno con su lucha particular y con unos objetivos en la vida. Hoy es un buen ejemplo de ello.

 

Por la mañana regresé por última vez al Colegio Menor de la Universidad Central a dar una última charla. Estuve con un grupo de estudiantes pequeño pero muy pendiente de lo que les contaba. Estaba vez venía a petición personal de una maestra, Fanny, que ayer escuchó la conferencia y quería que sus alumnos escucharan nuestras experiencias y perspectiva de la vida.

Al acabar la conferencia Fanny me invitó a desayunar un plato típico de Ecuador que todavía no había probado: el mote. Su ingrediente principal es el maíz (duro y blando) y se puede acompañar con chicharrón. Estuvimos conversando un rato sobre la educación y me recordó que hace apenas un año yo también estaba en la misma situación que ella. Con unas ideas muy particulares de cómo mejorar la calidad educativa y la desconexión que existe entre los maestros que están todos los días con los alumnos en las aulas y los asesores educativos que dirigen la educación desde sus oficinas y en muchas casos ni siquiera han ejercido la profesión.

 

Muchas veces en esta profesión uno se siente frustrado por todo el tiempo que se pierde haciendo papeles, acudiendo a reuniones inútiles, llevándote problemas personales a casa, etc. y al final viene la desmotivación en esta labor en ocasiones infravalorada por la sociedad.

 

Esta institución, el Colegio Menor, me sorprendió por encontrarme con docentes que me abrían las puertas de par en par ansiosos por conocer y lo que es más importante: anteponiendo las necesidades reales de los alumnos.

Cuando salí del Colegio Menor, me dirigí hasta casi la otra punta de la ciudad a colocar el parachoques de la Zaigua. Iba con la incertidumbre de si lo habrían reparado y como habría quedado pero cuando lo vi solo lo pude reconocer por la matrícula. Estaba muchísimo mejor que antes e incluso más bonito debido a la mano de pintura que le habían dado. Un excelente trabajo.

 

De regreso a donde me estaciono para pasar la noche comenzó a llover y el tráfico se puso terrible. Para no variar, me perdí y en esas estaba de hacia dónde ir cuando la policía me dijo que me hiciera a un lado. En un primer momento me alegré, “perfecto me han visto perdido y me van a ayudar” pero en cuanto baje la ventana me di cuenta que la situación era otra.

 

El policía me dijo que me iban a retener el vehículo durante 24 horas, tenía que pagar una multa de $103 y también el costo de la grúa, ¿pero que había hecho? Me dijo que mi vehículo no podía circular a esa hora debido a la normativa de “Pico y Placa”. Claro, con una ley con ese nombre es muy fácil comprender  la infracción. Le dije que no sabía nada de eso y que me explicara porque no entendía nada. Esta ley restringe la circulación de  ciertos vehículos en Quito en determinados días de la semana dependiendo la terminación de la matrícula y hoy era miércoles (le tocaba a las placas terminadas en 5 y 6) y yo estaba circulando en el horario prohibido.

 

Le conté que acababa de llegar a la ciudad (mentira) y que no tenía ni idea de lo de “Pico y Placa” (verdad) y que además estaba lloviendo y estaba perdido en la ciudad, que me dejaran aparcar hasta que acabara la restricción y solucionado. Además mi vehículo era extranjero y en la frontera nadie me había proporcionado ninguna información sobre este reglamento.  El policía seguía aferrado a que me retiraran el vehículo. Esta vez ni me puse a discutir, estaba cansado y ya que hiciera lo que le diera la gana, si me retenían a la Zaigua pensaba quedarme en la comisaria quejándome esas 24 horas.

 

Después de unos minutos, el policía recapacitó sobre la situación y me dijo que me estacionara a la vuelta en un parking público hasta las 19:30 que era cuando acababa la restricción. Dicho y hecho.

 

Durante más de dos horas estuve en el aparcamiento hablando con don Luis, el encargado del parking. Don Luis de lunes a sábado está trabajando ahí desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche cobrando el salario mínimo. Me pareció un trabajo totalmente esclavo y le pregunté porque no encontraba otro trabajo con mejores condiciones. Me dijo que se lo habían conseguido en AA y que tampoco podía esperar mucho más. Ya llevaba más de dos años rehabilitándose y quiere salirse de ese trabajo pero le dan miedo las relaciones sociales.

 

Asocia una relación social a que exista una invitación a tomar una cerveza y no quiere volver a caer en el alcoholismo. Es viudo y con dos hijas que le visitan frecuentemente, en un futuro quiere volver a dedicarse a su profesión, mecánico, pero por ahora se siente más seguro dentro del grupo de AA, no se siente preparado para integrarse a la sociedad. Me impactó la sinceridad y naturalidad con la que me contó su situación personal y espero que dentro de poco afronte sus miedos y pueda conseguir sus sueños.

 

Como decía al principio hoy tuve la oportunidad de conocer a personas muy diferentes entre sí pero con algo en común: luchan por salir adelante.

 

David

Escribir comentario

Comentarios: 0

Buscar en Zaigua:

Google:  Yahoo:  MSN:
English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified