Construyendo un futuro basado en la educación y la solidaridad

Ser voluntario en una ONG implica una gran dedicación para mejorar una problemática social en cualquier lugar del mundo. El voluntariado no sabe de países o idiomas, le mueve una iniciativa propia para ayudar sin obtener ninguna remuneración económica a cambio. Sin embargo reciben algo muchísimo más importante que el dinero: un desarrollo personal que únicamente se logra a través de experiencias como las que se viven en la institución Cenit.

Hoy desde las 8:30 hasta las 15:00 acompañé a los voluntarios de esta  ONG en sus labores diarias y quedé gratamente sorprendido. No solo por la gran labor social que hacen, sino especialmente  porque muchos  de estos chicos con unas edades entre 19 y 23 años están adquiriendo una madurez y un liderazgo inusual. Salieron de sus países de origen para trabajar gratis y ayudar a la sociedad ecuatoriana a seguir desarrollándose, un trabajo duro con muchas recompensas.

 

Cenit trabaja con niños y jóvenes que debido al estrato socio-económico de su familia sus oportunidades educativas son muy reducidas. Tienen varios proyectos y hoy tuve la oportunidad de conocer varios de ellos.

A primera hora nos dirigimos hasta el mercado El Camal, uno de los mercados más populares de Quito. En este mercado la organización tiene dos aulas donde trabajan con un grupo de niños de preescolar y otro grupo de niños más mayores.

La primera tarea de los voluntarios que trabajan con los niños más chiquitos es recorrer el mercado para llevarse a los niños hasta el aula. Es una labor en la que en ocasiones tienen que convencer a la familia para que los niños reciban este apoyo. Estos niños de una manera u otra tienen que colaborar con sus familias trabajando en el negocio familiar dejando a un lado su educación, problema que Cenit está tratando de erradicar. Muchos de los niños tienen un retraso académico de varios años y en esta fundación incluso les tienen que enseñar a leer y escribir a una edad que no les corresponde.

 

No solo trabajan con los niños sino también con sus familias informándoles sobre los beneficios de sus programas y la importancia que tiene la educación para el futuro de sus hijos. En breve van a abrir un programa para que los padres también puedan acabar sus estudios y al menos terminar el bachillerato con clases flexibles adaptadas a sus horarios.

La primera rutina con los niños más pequeños es la higiene. Todos los niños antes de ingresar al aula tienen que lavarse los dientes y las manos, se trata de inculcarles unos hábitos higiénicos para que incluso puedan enseñar a sus padres.  Después durante toda la mañana y hasta la hora del almuerzo, los voluntarios tienen preparados una serie de juegos educativos con los que aprenden jugando.

El procedimiento con los más mayores es diferente. Comienzan el día con un pequeño snack y después tienen que ponerse a hacer las tareas que les asignaron en sus respectivas escuelas. Estos niños acuden por la tarde a la escuela y cuentan con este apoyo durante la mañana en la que los voluntarios les ayudan con sus deberes. Para los niños que asisten a la escuela durante la mañana existe el mismo programa durante la tarde.

 

La disciplina es un poco relajada pero tiene que ser así. En primer lugar, tener a esos niños en el aula ya es un éxito ya que es un acto voluntario. En segundo lugar hay que tener muy en cuenta que muchos de ellos viven diariamente unas situaciones familiares muy duras y cada niño es un mundo, este tiempo también les ayuda a escapar un poco de su realidad.

A las 12:00 salen del mercado y van hasta las instalaciones del centro donde pueden almorzar prácticamente gratis. Luego cada niño se dirige a su escuela con las tareas hechas y almorzados. Verdaderamente estos niños tienen mucha suerte ya que además de la comida y educación que reciben, tienen la oportunidad de conocer a personas de diferentes países con otras formas de pensar y actuar dándoles una nueva perspectiva de la vida. Pueden ver con sus propios ojos que existen otras alternativas diferentes de la que viven diariamente y que la educación puede cambiarles la vida para tener un mejor futuro.

Por la tarde tuve la oportunidad de conocer otros dos proyectos que se llevan  a cabo desde Cenit. Los dos están centrados en las familias. En el primero varias mujeres reciben clases de artesanías con papel reciclado. El objetivo es que aprendan a elaborar aretes, pulseras, collares, etc. de calidad con estos materiales para que creen su propio negocio. Una muy buena manera de que las mujeres puedan independizarse económicamente o ayudar a la economía familiar.

El otro proyecto son charlas sobre salud enfocadas en la prevención  y tratamiento de enfermedades comunes. Hoy les dieron información sobre la diabetes: que es, como se produce, como se puede prevenir, como se puede tratar, etc. Mucha de esta información era desconocida para los asistentes, incluso la enfermedad. Estos dos proyectos también están organizados y dirigidos por los voluntarios.

 

Es un hecho que todo el trabajo que se lleva a cabo desde Cenit va a repercutir en el futuro de los niños y sus familias. Se está plantando una semilla que en algunos de ellos florecerá en el futuro repercutiendo en una mejora de la sociedad ecuatoriana.

 

Muchos de los voluntarios vienen de Alemania con proyectos financiados por su propio gobierno y cuando regresen a su país van a volver con unos conocimientos y una experiencia que no se podrá comparar con la de otros jóvenes de su edad, ¿por qué otros gobiernos no implantan iniciativas como esta? No hace falta venir hasta el Ecuador para hacer trabajo social y comunitario, pero este tipo de experiencias crean en el futuro una sociedad más tolerante y solidaria. A ver si toman nota algunos…

 

David

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