CENIT, luchando contra la explotación infantil

Saúl
Saúl

Mi segundo día en CENIT fue igual de instructivo que el día anterior y además hoy tuve la oportunidad de conocer un poco más sobre el Centro de la Niña trabajadora. Silvia la directora y Ruth la subdirectora llevan trabajando en esta institución desde que se fundó hace más de 20 años y conocen todos los detalles del crecimiento del centro educativo. Han sido testigos de la evolución que han sufrido las familias del barrio, en parte gracias al trabajo que han estado realizando durante tantos años.

Silvia y Ruth
Silvia y Ruth

Este centro nació de una necesidad, en el mercado El Camal había una gran cantidad de niños (especialmente niñas) que no acudían a la escuela porque tenían que lavar los intestinos de los animales, recoger sangre o desgranar mazorcas entre otras tareas. Debido al machismo, en aquel periodo estas tareas normalmente recaían en las más pequeñas frustrándoles cualquier oportunidad en el futuro ya que los padres ni permitían ni valoraban un proceso educativo. A finales de los 80 nació CENIT con el propósito de recuperar a estas niñas y darles una oportunidad. Las educadoras recibían amenazas de personas que se aprovechaban de los niños y las familias se negaban a quitarles un “trabajador”,  pero con mucho esfuerzo y dedicación fueron educando a las niñas y sus familias hasta ser lo que son actualmente: una institución reconocida en Quito que prácticamente ha erradicado el trabajo infantil en el mercado El Camal.

Toda esta labor ha sido apoyada desde el comienzo por cientos de voluntarios de decenas de países que se han dedicado exclusivamente al bienestar de estos niños. Un trabajo intercultural con unos resultados magníficos.

 

Una de las cosas que más me llama la atención de CENIT es que está administrado por religiosas con una mentalidad tan abierta que no discriminan a nadie por sus creencias religiosas y todo el mundo, voluntarios y niños, son bienvenidos. Incluso se dan clases de verdadera educación sexual impartidas por los voluntarios. Estas religiosas han comprendido las verdaderas necesidades de la sociedad ecuatoriana y se han adaptado perfectamente dando prioridad a las necesidades de los jóvenes poniendo en un segundo plano la doctrina religiosa.

Niños desgranando
Niños desgranando

Durante toda la mañana estuve en el mercado San Roque, muy diferente al de El Camal, no solo por su tamaño (más grande, posiblemente el más grande de Quito) sino por la procedencia de los vendedores (mucha población indígena) y por ser significativamente más peligroso.

 

Me dirigí en autobús regular con los demás voluntarios hasta el mercado. Durante el camino estuve charlando con Piedad, la única educadora de calle del centro y me contó bastantes peculiaridades del mercado. En este mercado llegan periódicamente indígenas de las áreas rurales a vender sus productos y se quedan hasta que acaba la temporada de sus artículos. Si tienen niños pequeños las madres vienen con ellos para no dejarlos desatendidos y ya que tienen que estar en el mercado y tienen dos manos los ponen a desgranar. Esta práctica es la que tratan de erradicar en este mercado, conciencian a los padres que los niños no tienen que trabajar a esa edad y les dan la alternativa de ocuparse de ellos con actividades lúdicas y educativas. Poco a poco a están cumpliendo su objetivo aunque todavía pude observar con mis propios ojos como había niños desgranando maíz.

La rutina diaria es la misma que en el otro mercado, primero los voluntarios pasan por los puestos animando a los niños y sus familias para que se unan al grupo, unas veces con más éxito que otros. La higiene en algunas áreas del mercado brilla por sus ausencia y algunos espacios apestan a orines. Por todos los lados se ven niños, algunos mejores atendidos que otros, el mercado es su “patio de juegos·, un lugar que no es el más adecuado para el desarrollo de los niños.

 

Los voluntarios no pasan desapercibidos y pude escuchar comentarios de todos los tipos desde “ellos los cuidan mejor que sus papás” hasta “para que vienen a cuidar los niños de otros”. El ambiente no es el más propicio por eso su labor es aún más admirable.

En el mercado tienen un aula muy pequeña que utilizan de lunes a jueves para educar a los niños en aspectos educativos básicos como la higiene o simplemente aprender a decir gracias y por favor. Tratan de inculcarles patrones de comportamiento que se alejen de la violencia domestica, un problema por desgracia muy frecuente en sus familias.  Hoy como era viernes tocaban juegos en el parque y los llevaron a todos a un parque cercano a disfrutar del día soleado.

Durante algo más de dos horas los niños salieron de su enclaustramiento en el mercado y jugaron con otros niños de su edad y los propios voluntarios. Cada uno de cierta manera expresaba su situación familiar, niños extrovertidos, tímidos, violentos… pero gracias a la paciencia de los voluntarios están adquiriendo ciertas pautas de comportamiento para desenvolverse adecuadamente en la sociedad.

Antes de las 12:00 regresamos al mercado y fuimos dejando a los niños puesto por puesto, algunos no querían regresar, quizás era cierto eso de “ellos los cuidan mejor que sus papás”.

 

Retornamos a la institución y me despedí de los voluntarios y los administradores. Aunque como la mayoría de las ONG´s tienen dificultades económicas CENIT mantiene con sus voluntarios el espíritu “revolucionario” de sus fundadores, ojala sigan por mucho tiempo mejorando la calidad de vida de los niños de Quito.

 

David

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