Un refugio en la Amazonía

El lugar en el que nos encontramos es en realidad impresionante; la selva nos rodea, pasa por encima y también por debajo de nosotros. El sonido de los animales se mezcla y confunde con el del agua del río y el del movimiento de los árboles. Merazonía se hunde en todo eso.

Jamie
Jamie

Desde las 7:30am los voluntarios se preparan para llevar el desayuno a las aves y los monos – los felinos al ser nocturnos, comen por la noche-; también les toca limpiar las jaulas y si es necesario, cambiar la decoración de las mismas – nuevas ramas y hojas.

 

En la bodega se pica la fruta y se sirven los platos que serán llevados a las jaulas. Acompañamos a Jamie, uno de los tres coordinadores del centro. A él le tocaba instruir a dos voluntarios nuevos, mostrarles cómo debían realizar sus tareas y cómo debe ser el trato para con los animales.

Los chicos antes de entrar a las jaulas
Los chicos antes de entrar a las jaulas

Uno de las reglas principales de Merazonía es: no tocar a los animales y tener el menor contacto posible. Esto es un esfuerzo por desacostumbrarlos de los seres humanos, lo cual incrementa sus posibilidades de liberación a la vida salvaje.

 

Estar en este lugar nos ha permitido redescubrir a los animales, y llegar a conocerlos un poco más. Una de las tareas más fuertes del día fue la de Esther, ella como veterinaria se encargó, con ayuda de Jamie y Thomas, de dar tratamiento a una delas aves – una citacida que estaba gravemente enferma. 

Ahora, la cuestión aquí es, en primera instancia pensé – muy fríamente: ­ ¿qué tan malo puede ser? Es un ave! Pues, luego de que Esther nos explicara y después de que viéramos el trabajo que realizaron, me sentí bastante avergonzada de ser una “persona preocupada por los animales” y pensar de esa manera.

 

El ave, según nos dijo Esther, había estado débil desde que llegó al centro, pero los últimos días su estado se deterioró mucho. Tenía una muy grave infección en las vías urinarias y no defecaba ni comía por sí mismo, por ende, debían introducirle una sonda para alimentarlo y debían limpiar el intestino de heces. Esther y Jamie sufrían con él durante el procedimiento, mientras lo veían abrir y cerrar las patas de dolor, pero conservaban las esperanzas de que se recuperaría.

 

 

Esther nos habló de los inteligentes que son estas y muchas otras aves, a las que se les subestima por ser aves! “Entre más inteligente es un animal, más difícil es su reintegración la vida silvestre (…), cuando un ave es capaz de hablar, significa que jamás podrá regresar a su hábitat, tuvo demasiado contacto humano. En este caso, no sabemos cuál es el pasado de esta citacida, por lo tanto no podemos actuar en consecuencia, solo sabemos que llegó en condiciones deplorables.”

 

El ave murió esa tarde, tuvieron que “ponerlo a dormir” para que no sufriera más; a causa del estrés había picado su pecho y las heridas eran irreparables.

 

Con este caso y varios más, nos dimos cuenta de que en Merazonía agotan los recursos antes de darse por vencidos con un animal. Cada uno es importante y merece lo mejor. La mayoría son animales con traumas mentales y físicos muy graves, mismos que hacen imposible su liberación. Sin embargo, hay casos un tanto más positivos, como el de la nutria: fue liberada después de su estadía en Merazonía, en el río Tigre, justo al lado del centro; se le implantó un chip de localización que permitiría saber su ubicación.

Alex limpiando la jaula de los capuchins
Alex limpiando la jaula de los capuchins

Estar en este lugar, es como asomarse a una ventana de nuevas posibilidades, tanto para la vida salvaje como para la humana. En poco tiempo, los chicos del lugar te contagian esas ganas que tienen de poner su granito de arena para salvaguardar las maravillas naturales que aún nos quedan. Y los animales, ellos te demuestran lo sensibles que son.

 

Por las tardes los chicos repiten las rondas que dieron por la mañana, para dar de comer otra vez a los animales y limpiar las jaulas.

 

La lluvia aquí es constate, la ropa se mantiene sucia y las botas mojadas – que por surte nos prestaron unas para la lluvia. Es muy disfrutable, aunque no sé qué tanto aguantaría con la lluvia que no para. Mi única preocupación real por el momento es mantenerme fuera del perímetro de la “X”, una de las serpientes más mortíferas de América y que aquí pueden salir en cualquier momento – una ventaja más de las botas, les es difícil penetrarlas.

 

Esther no me ayudó mucho con mis nervios cuando le pregunté si había habido picaduras, “no no, a quien pica se muere! A mí trató de morderme una pero por la bota, no logró”. Bien… ya estoy más tranquila. Por si acaso – y aunque se rían de mí- camino haciendo ruido con las botas y las manos para ahuyentarlas – me dijeron que funciona.

Mañana seguiremos con las rondas de los chicos, que además de alimentar a los animales y limpiar las jaulas, están ayudando a la construcción de un nuevo espacio para el casi recién llegado tigrillo – que tiene todas las posibilidades de ser liberado ya que su instinto está intacto. Para esto, los chicos deben cargar bultos de arena y rocas desde un río hasta lo que será la jaula, a la que llegan pasando por un camino de fango y en pendiente. Una tarea nada envidiable.

 

También seguiremos conociendo un poco más de las historias de los animales

...las que se conocen.

 

Andrea

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Comentarios: 2
  • #1

    Julian Martinez (miércoles, 08 mayo 2013 19:36)

    Que bueno verlos juntos de nuevo, y que buen lugar en el que se encuentran. Espero que todo les siga saliendo muy bien. Les mando un abrazo grande.

  • #2

    Zaigua (domingo, 19 mayo 2013 09:46)

    Gracias Juluián! Te enviamos un abrazo fuerte, los recordamos con mucho cariño!!

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