En busca del mono perdido

Hoy por fin tuvimos la oportunidad de conocer a Frank, uno de los fundadores de Merazonía. Frank es holandés y durante mucho tiempo estuvo trabajando por el bienestar de los animales con diferentes organizaciones en Sudamérica hasta que decidió hacer las cosas a su manera. Se juntó con otras tres personas que pensaban igual que él y crearon Merazonía, un centro de rehabilitación de animales amazónicos que nada tiene que ver con un zoológico o cualquier otro centro que trate de financiarse por medio del turismo.

 

Hace cuatro días Franky, uno de los monos del centro, se escapó y debido a sus características (no tiene una mano ni la cola) sus posibilidades de supervivencia en la jungla son mínimas. Desde entonces los voluntarios se han organizado para tratar de encontrarlo aunque es una tarea muy difícil. Frank nos invitó a acompañarlo para adentrarnos un poco más en la selva y tratar de encontrarlo. No nos lo pensamos ni un minuto, nos pusimos unas botas de agua y nos fuimos con él.

También venían con nosotros Alex, un voluntario de EEUU, y Darwin, un perro enorme que quizás pudiera seguir la pista de Franky. Darwin es muy buen rastreador pero aquí llueve constantemente y en estas condiciones es muy complicado seguir un rastro. Alex y, especialmente, Frank se movían con bastante soltura abriéndose camino a través de la selva, nosotros teníamos bastantes más dificultades para mantener el paso sin resbalarnos y caernos, algo que sucedió en varias ocasiones.

 

Buscamos a Franky por los alrededores de Merazonía hasta llegar a un enorme árbol con lianas (en donde hicimos un poco de Tarzán y Jane) y no encontramos ningún indicio del mono. Regresamos por otro camino subiendo un arroyo y nada de nada. Lo único que vimos fue un capuchino que se acerca constantemente a las instalaciones de Merazonía para conseguir comida y molestar a otros capuchinos.

No habíamos tenido éxito, de todas maneras Frank iba a seguir buscándolo durante los próximos días. Esta es la actitud de todas las personas que trabajan aquí, no se dan por vencidos aunque las circunstancias sean adversas. Esta tarea es como encontrar una aguja en un pajar pero aun así no cesan en su empeño.

 

Por la noche nos reunimos con los voluntarios y cenamos todos juntos. Cada noche se encargan diferentes voluntarios de hacer la cena y parece un concurso de comida. Aquí no preparan la típica pasta con tomate de campamento, son platos realizados con mucho esmero para agasajar a los compañeros, tuvimos una cena colosal.

Aunque todos estaban cansados después de un largo día de trabajo, el ambiente que se respiraba era excelente, comentando las experiencias del día y bromeando entre ellos. Algunos voluntarios solo llevan unos días o unas horas en el centro y cada uno viene de un país diferente,  sin embargo todos se adaptan rápidamente gracias al compañerismo que existe, no se ve ninguna rivalidad de ningún tipo ni se quiere resaltar por nada, vienen  con un objetivo muy claro y se ayudan entre ellos para conseguirlo. Ni necesitan electricidad ni lujos para pasarlo bien, solo ganas de convivir con otras personas mientras ayudan a los animales.

 

David

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