Ventajas de ser Volkswagen

El invierno está comenzando, contrario a lo que  sucede ahora mismo  en el hemisferio norte del mundo.   Los días han estado nublados, pero sin lluvia, simplemente no sale el sol; corre el viento frio y de no ser por apariciones esporádicas que hace el sol – suficientes para acalorarte - yo no me quitaría el suéter.

 

Salimos de Montañita, aunque bien pude haberme quedado una semana más ahí, y bordeamos la costa hasta llegar a Salinas.  Durante el tiempo que David pasó en Quito, conoció a bastante gente del club de Volkswagen, ellos le dieron el contacto e un chico de Salinas: Adrián.

Adrián pegando su sticker en la Zaigua
Adrián pegando su sticker en la Zaigua

No sabíamos nada de él, excepto que vive aquí  y que le encantan los Volkswagen; él tampoco sabía nada de nosotros, excepto que tenemos una Combi. Eso bastó para que lo contactásemos y él fuera a recibirnos.  El resto del día lo pasamos con él.

 

Adrián resultó ser más joven de lo que esperábamos – en nuestra mente era un señor de mediana edad, pero apenas tiene 27 años.  Y no solo le gusta Volkswagen, sino que dedica todo su tiempo a estos automóviles –reparando, transformando y poniendo a tono cada uno.  

 

La Zaigua se ha estado quejando las últimas semanas  y temíamos que fuese algo  roto en el eje, pero  nada de eso, una vez más era un balero/rodamiento demasiado gastado, y un empaque que efectivamente va al eje y nos ha dado problemas ya varias veces durante el transcurso del recorrido.   

 

Mientras nos contaba historias de todo tipo, Adrián se metió bajo la camioneta y le quitó los ruidos, cambió el rodamiento roto por uno extra –ya usado- que traíamos nosotros.  Por ahora ha quedado bien, pero debemos cambiarlo tan pronto como lleguemos a una ciudad grande, quizá Lima, Perú.

 

 

Adrián no repara en bromas, ríe bastante y eso nos hizo entrar en confianza rápido.   La tarde en su taller se fue volando,  vimos parte de su amplia colección de carros, de los cuales a la mayoría aún les falta mucho trabajo por invertirles, pero una vez listos seguro quedarán increíbles.

 

La hora de comida se nos complicó un poco, salimos del taller sin hacer muchas preguntas así que no teníamos idea de nada y parecía que todo estaba cerrado. Por fin después de varias vueltas encontramos una pequeña pizzería y no lo pensamos dos veces, paramos a comer ahí, aunque apenas habían abierto las puertas del lugar y no tenían nada listo.

 

El resto de la tarde se nos fue saltando de una anécdota a otra.  Adrián ni siquiera nos cobró por su trabajo, lo cual es una gran ayuda.  Además nos  dio la clave de su internet para conectarnos un rato y poder llamar a casa – lo cual es bastante reconfortante.

 

Mañana vamos hacia Guayaquil a nuestra segunda entrevista, crucemos los dedos y que todo salga bien!

 

Andrea

 

 

 

 

 

 

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