Un sitio increíble: Laguna de Parón

Si tuviese que escoger los lugares más bellos que he visitado, entre ellos sin duda estaría la Laguna de Parón, en el Callejón de Huaylas, Perú.  Justo el sitio al que llegamos hoy y nos dejó con la boca abierta de asombro por la majestuosidad del paisaje.

 

Después de unas dos horas de camino desde el pueblo de Caraz, llegamos a la base de camping de la laguna de Parón. Vimos todo como si fuese un óleo delante de nosotros: el canvas lo hacían dos enormes rocas oscuras que delineaban la imagen, la laguna se extendía haciendo una franja azul turquesa  en medio y alrededor de ella se apreciaban rocas color arena-dorado que contrastaban con el azul del agua; el fondo, coronado por los nevados.  Hermoso, en realidad una imagen increíble.

 

Laguna de Parón, hacia atrás los nevados
Laguna de Parón, hacia atrás los nevados

Bajamos de la Zaigua y vimos a dos hombres –que parecían europeos- preparándose para subir a las montañas;  luego se acercó un hombre que dijo estar a cargo y esa fue la única información que nos dio aparte de que no podíamos usar nada de las instalaciones –baños, áreas de descanso.  Por suerte la Zaigua estaba en un lugar perfecto justo frente al bello escenario y protegida del viento gélido por las montañas, no necesitaríamos sus instalaciones.   

 

La temperatura había descendido drásticamente conforme fuimos subiendo desde Caraz.  Nos encontrábamos a una altura de 4200msnm y el hecho de estar rodeados casi por completo de nieves glaciares hacía que el aire se sintiera helado. 

 

Decidimos tratar de acercarnos de lo más posible -para nosotros-  a la nieve, rodearíamos la laguna y seguiríamos el camino hasta donde pudiéramos, eran las 12:30pm así que nos quedaban varias horas con luz por delante. Ya que el hombre encargado de dar información no hablaba, emprendimos rumbo sin más.  Nos equivocamos al iniciar el camino y uno de los hombres que vimos al principio nos indicó el sendero correcto,  después de eso decidimos acercarnos a preguntarles a ellos.  

 

Eran un europeo y un peruano,  y nos aclararon que estábamos lejos de la nieve…. “La laguna la hacen en una hora y media,  y más adelante está señalizado  para que vean a donde quieren ir, si van para el nevado  se van a topar primero con Base 1, ahí pueden descansar; o si no, para el otro lado esta otra laguna a una hora y media también (…)”.  Eso significaba que aun y solo yendo a la segunda laguna haríamos al menos seis horas de caminata total, pero David no perdía las esperanzas de llegar a la nieve.

 

No sabíamos qué tanto íbamos a poder avanzar, pero nunca hemos tenido problemas con las caminatas y generalmente las hacemos en un tiempo más corto que la mayoría de la gente, en especial yo no tengo problema con mantener un paso apurado durante caminatas largas, y David aunque no tan rápido, si es firme.  Esta vez sería algo muy diferente.

 

Nos abrigamos bien –ropa térmica y ropa que nos reguardase del viento- , precisamente porque no sabíamos hasta donde podríamos llegar y seguramente la temperatura iría descendiendo conforme cayera la tarde. 

 

Apenas comenzamos sentí el cuerpo aletargado, los pasos me pesaban y el corazón latía tan fuerte que parecía que iba a explotar.  Desde el inicio supe que quizá no sería la mejor de las ideas, pero pensé: es solo una caminata, hemos hecho muchas, no tiene por qué ser diferente.  Y me convencí de que me acostumbraría a la altura y al esfuerzo extra que debía hacer durante la misma caminata.

 

Conforme fuimos avanzando en el recorrido a lo largo de la laguna fui sintiéndome peor,  me sentía aturdida, no podía respirar, y me venían vértigos que me hacían perder el equilibrio por algunos segundos.   David no sentía nada nuevo.

En el camino vimos a un par de suizos que iban ya de regreso al sitio de camping, según el equipo que llevaban consigo parecían bastante preparados para una larga caminata, se veían cansados.  Más adelante nos topamos a dos peruanos, eran los guías de los suizos.  Nos dijeron que habían tratado de coronar el nevado pero era demasiada la nieve, y después de dos días intentándolo optaron por regresar.

 

Terminamos de rodear la laguna y seguimos el camino hasta la señalización, luego continuamos hacia la laguna de Artesonraju que se encontraba a “una hora y media” más de caminata.  Después de poco rato paré y decidí no continuar.

 

Me sentía muy mal, mi cuerpo se sentía en extremo pesado, sentía  el corazón cansado de latir tan fuerte, el dolor de cabeza se había pasado a los oídos y los vértigos eran cada vez más frecuentes, mi caminar era cada vez más lento y eso no me permitía generar calor, así que además a los malestares se aunaba un terrible frio que me entumía las articulaciones y hacia que me doliera el pecho. 

Desde el lugar en el que me detuve las vistas eran en realidad geniales.  Los nevados se veían enormes sobre nosotros, tupidos de nieve tan blanca que brillaba.  En realidad era una lástima no poder continuar porque seguramente los paisajes nos seguirían deslumbrando.

 

El camino de regreso fue algo que prefiero no recordar.  Para cuando llegamos a la Zaigua  habían pasado ya cinco horas, se había ocultado el sol tras los nevados y hacia mucho frio.  Como pude me metí debajo de las cobijas, David preparó sopa y té caliente y eso al menos nos quitó un poco frío.

 

Es difícil intentar dormir con un dolor de cabeza como este, pero sin duda es un gran cambio el estar aquí dentro de la Zaigua enterrada en mis cobijas, y aun poder disfrutar de los vistas desde aquí.

 

 

Andrea

Escribir comentario

Comentarios: 2
  • #1

    sisi (miércoles, 13 enero 2016 10:03)

    me hicistes recordar mi viaje a huaraz, en el camino parecia que tocaba las nubes con mis manos, el paisaje parecia ser una acuarela.
    todo era bello y los nativos super amables.
    soy de Lima Peru, mi abuelita era de huaraz, murio joven me acuerdo , vino un tio para que mi mama firmara para las v entas de tierras.
    si hubiera conocido Huaraz antes creo que nunca lo hubieras vendido

  • #2

    david (miércoles, 13 enero 2016 16:15)

    hay algo magico en estas tierras y es que cuando uno pasa por esos caminos serpenteados , invariablemente se pone a pensar en aquellos hombres, nuestros ancestros , que tuvieron que hacer frente a la naturaleza para poder construir una promesa de vida en medio de tanta vastedad y soledad

Buscar en Zaigua:

Google:  Yahoo:  MSN:
English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified