Islas Ballestas: un asombroso recorrido

En definitiva hoy nos fue mucho mejor de lo que pensábamos…

Esta mañana desde las 7:45 estábamos en el puerto a la espera de noticias: estaba o no abierto.

A las ocho y media empezó a correr el rumor de que continuaba cerrado.  Unos minutos más tarde Paola –Paola’s Tours- Nos lo confirmó.  Pero rápidamente nos ofreció ir a la Reserva Nacional Paracas, por supuesto aceptamos.  La agencia de Paola esta justo a la entrada del pueblo de Paracas y es la primera agencia que se ve en el camino, una de las seis autorizadas en el lugar.  Nos recogieron de la agencia en automóvil y nos llevaron hasta el autobús en el que iríamos a la reserva.  

 

Recorrimos una parte de la enorme reserva, en el autobús íbamos gente de todas partes: españoles, franceses, alemanes, italianos y hasta otra mexicana me topé ahí.  Pudimos ver el inmenso desierto de arena amarilla, que según nos explicaron, tiene ese color debido a las capas de desechos marinos que se han acumulado en la superficie.    

 

Paracas es una península que se adentra unos 20 kilómetros en el océano, por tanto está rodeada de playas, diferentes entre sí.   Nos detuvimos en dos: la primera llamada Playa Supay, que en quechua significa Playa Diablo, ese fue el nombre que le dieron los locales debido a las peligrosas corrientes que esconde bajo la superficie.  La otra es Playa Roja, que como lo indica su nombre, es roja… debido a la erosión de miles años de una enorme roca roja que bordea la playa.

 

Justo estábamos en esa playa cuando se comunicaron con nuestro guía, era del puerto lo habían abierto por unas horas. Regresamos al puerto y nos comunicaron que la marea daba señales de haber bajado y que esa era la razón por la cual habían dado permiso de que algunas lanchas se embarcaran hacia las islas; otra teoría fue que la Marina reabrió el puerto como un permiso especial concedido a un miembro de la capitanía que estaba por recibir a un familiar que venía en barco.

La noticia generó algo de confusión y nerviosismo entre la gente ya que todos tenían el apuro de embarcarse cuanto antes ya que el puerto cerraría en poco tiempo.  Paola nos acompañó al puerto y nos puso en la fila. El caso fue que pudimos embarcarnos en el último bote que salió hacía las Islas Ballestas.

 

El aire se sentía helado y se veía algo de neblina a lo lejos.  Pronto comenzamos a alejarnos de la orilla y vimos la península que se alargaba al lado.  Las rocas color amarillo rojo contrastaban con el azul del agua.

 

Hay que fijarse bien para ver el candelabro dibujado en la superficie
Hay que fijarse bien para ver el candelabro dibujado en la superficie

La primera parada la hicimos frente a una enorme figura grabada en la arena de la península: El Candelabro.  Según nos platicaron, esta figura descubierta alrededor de las años 60, y hasta la fecha no se tiene conocimiento de quién la hizo.  Hay diferentes teorías: una es que la hizo José de San Martín, el libertador de Perú, como símbolo para los navegantes; otra teoría es que fue hecha por los piratas como una señal que indicase dónde escondían sus tesoros; la tercera es que fue hecha por extraterrestres…

Continuamos hacia las Islas Ballestas, que recibieron este nombre por las formaciones que tinen en forma de arcos.  Lo primero que pudimos apreciar fue una tremenda cantidad de aves postradas sobre las rocas.  El principal recurso que se extrae de esta isla es el guano –deshechos de las aves-, del cual se colectan hasta 4,000 toneladas. La colecta se realiza cada ocho años, y a ella acuden entre 250 y 300 trabajadores, que deben permanecer en la isla entre tres y cuatro meses.  El guano se conoce por ser el mejor fertilizante conocido hasta ahora.

 

Las aves estaban por todos lados a los que viésemos, de distintos tamaños y especies.  Fue realmente impresionante, ver las rocas pintadas de blanco por el guano y una isla negra por las aves.

 

Un poco más adentrados vimos al primer grupo de lobos marinos, todas hembras,  recostadas sobre las rocas.  Duermen de día para salir a pescar durante la noche.  Dado que no es tiempo de apareamiento no había machos en los alrededores.

 

Pudimos ver varios grupos más, y a una hembra con su cría. Fue un espectáculo sumamente bello. 

Pequeños botes pesqueros
Pequeños botes pesqueros

Luego de estar ahí un rato regresamos al puerto.   El mar estaba tranquilo y había muy poco oleaje, aunque  el capitán del bote nos repitió varias veces que el mar estaba “movido”.  Volvimos a sentir el helado viento en la cara que nos dejó las mejillas rojas el resto del día.

 

Una vez de regreso en tierra fuimos a la agencia a despedirnos de Paola, pero ella había salido a votar, así que no pudimos más que dejarle un mensaje de despedida y agradecimiento por la experiencia.

 

Salimos hacia Ica, en Ica se encuentra la Huacachina: un hermoso oasis rodeado por un pequeño pueblo al que encierran grandes dunas.  No tardamos mucho en llegar, pero ahora ya está oscuro y no podemos ver mucho…. Mañana seguramente, nos llevaremos otra muy buena sorpresa.

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