lun

15

jul

2013

La Virgen del Carmen

Los días en Cusco se nos han ido mucho más rápido de lo que los asimilamos, pero nos han servido para definir algunos de nuestros planes a futuro respecto al proyecto y más inmediatamente, nos han servido para establecer colaboraciones con otros proyectos muy interesantes de la región.

 

Hoy conocimos a Dana, una chica estadounidense que trabaja aquí en Cusco para una ONG llamada APUS. Nos encontramos en un parque cerca de su oficina, y cabe mencionar que nos sorprendió su energía y carisma. Una vez que nos conocimos en persona – nos conocíamos únicamente vía mail- fuimos a su oficina y tomamos un café mientras nos poníamos de acuerdo para un trabajo en conjunto.

 

APUS es una ONG que se especializa en viajes de aventura, mismos que realizan en colaboración con las comunidades peruanas y como contribución al desarrollo local. Con base en esto, programamos dos salidas con ellos a comunidades en las que podamos ver el proceso que lleva hacer los hermosos textiles que vemos por todos lados aquí en Cusco; con suerte podremos entrevistar a miembros de la comunidad, y será sin duda, una buena experiencia para compartir.

 

Hablar con Dana y fijar fechas con ella nos ayudó a definir qué es lo que haremos los próximos días: ir a Machu Picchu. La visita “obligatoria” al sitio arqueológico más popular de américa, nos va costar caro…

 

Primero que nada, decidimos ir en la Zaigua y hacer un tramo de caminata en lugar de tomar el tren –que cuesta más que la entrada misma al sitio. La camioneta se quedará en un lugar que todos llaman “hidroeléctrica” precisamente por la hidroeléctrica que se encuentra en el lugar. Ya otros viajeros – Contigo, Pan y Morcilla- nos recomendaron ese sitio.

 

Una vez definido el día en que iríamos a Machu Picchu, fuimos al Ministerio de Cultura a comprar las entradas. El costo del ingreso para los extranjeros es de S/. 128 (unos 46 dólares), por surte yo llevaba mi credencial ISIC de estudiante y me hicieron un descuento del 50% -así que me costó lo mismo que le cuesta a un peruano.

 

En el lugar lo primero que se debe hacer es reservar las entradas, para eso es necesario el pasaporte de cada una de las personas que quieren el ingreso; después se pasa a una ventanilla contigua a pagar con el recibo que acaban de darte. Solo se puede pagar en soles peruanos o con tarjeta.

 

El famoso Camino del Inca, para el cual ya no hay espacios hasta agosto próximo, cuesta S/. 251, el doble de lo que cuesta la entrada a Machu Picchu. En fin, los costos son bastante elevados, pero eso no parece mermar en lo absoluto el turismo que acude a este sitio…

Más tarde nos encontramos con Pepe –un hombre peruano-, a él lo conocimos hace algunos días, para establecer también una colaboración de trabajo. Pepe trabaja para la ONG Redes Perú, y según lo que hemos hablado hasta ahora, visitaremos dos comunidades en las que se están aplicando proyectos con relación a crianza de animales: alpaca y cuy.

 

Pasamos un muy buen rato con Pepe, platicando y cenando, fue una charla interesante.   Al cabo de la cena nos despedimos y salimos la helada noche.

 

En las iglesias del centro –al menos en dos de ellas- se estaba festejando a la Virgen del Carmen. Con música y ponche, que regalaban a la gente. David y yo nos unimos a la celebración de la iglesia frente a la cual tenemos la Zaigua; bailamos, tomamos ponche y nos calentamos en la fogata que hicieron en la explanada del recinto –algo que nos sorprendió-.   Terminamos la noche con fuegos artificiales y algo de música que seguían tocando en los alrededores.

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