De la mala vibra a la buena onda

Muchas veces la gente nos pregunta cuál es el mejor o peor lugar en el que hemos estado o que nos ha gustado más durante nuestro trayecto. Ambos coincidimos que más que la belleza de un lugar, el verdadero encanto de una ciudad o un pueblo es la gente. En ocasiones hemos llegado a sitios únicamente para pasar la noche pero nos han tratado tan bien que hemos acabado quedándonos varios días. Hoy en Ollantaytambo nos pasó todo lo contrario, literalmente nos echaron del pueblo.

 

Después del día tan agotador que tuvimos ayer nos levantamos todavía cansados y fuimos a desayunar. Estábamos estacionados en la plaza principal, prácticamente el único lugar en el que se puede aparcar, con el beneplácito de la policía. Al regresar, una señora que salió del restaurante "Caminos del Inka” empezó a molestarnos diciéndonos que no podíamos estar ahí y que nos teníamos que marchar. Le explicamos que por qué nos lo decía a nosotros y no a los dueños de los otros vehículos, además estábamos en la vía pública y ella no tenía ningún tipo de jurisdicción. La discusión poco a poco fue subiendo de tono y llamó a la policía para que nos echaran.

Al llegar el agente G. Juárez D. empezó a tratarnos como delincuentes. Lo primero de todo sin atender a ningún tipo de explicación nos exigió nuestros pasaportes y los papeles del vehículo. Los revisó todos detalladamente buscando cualquier error para meternos en algún problema pero como todo estaba en orden nos dijo que nos teníamos que ir. Le dijimos que porque solo nosotros y no los otros vehículos. Primero dijo que es que solo se podía estacionar durante 15 minutos y luego que los otros automóviles estaban retenidos ¿?

 

En resumen, que no éramos bienvenidos en Ollantaytambo, parece ser que aquí solo quieren al turista que se aloja y come en sus caros hoteles y restaurantes. Después de esta situación ni queríamos seguir discutiendo ni queríamos saber nada más de este exclusivo pueblo así que nos fuimos.

Nos dirigimos hacia Pisac de bastante mal humor pero enseguida se nos pasó. Pisac es un pequeño pueblo enclavado en el Valle Sagrado que se caracteriza por sus artesanías, textiles y hornos de leña. Sin embargo nosotros habíamos llegado aquí por otra razón: el PachamamaHatun Festival. Felix, el organizador del evento, nos había invitado a que conociéramos este festival y obviamente no nos pudimos negar. Este evento se lleva a cabo a unos dos kilómetros de Pisac en un enclave natural precioso, al lado de un río y rodeados de montañas.

Cuando llegamos había instaladas más de 50 tiendas de campaña y dos escenarios con diferentes ambientes musicales. Aquí cada uno se entretiene como más le gusta: haciendo malabares, durmiendo, bailando, tocando música, etc. es un ambiente muy relajado.

Ahora acaba de caer la noche y se empiezan a ver diferentes hogueras repartidas por el campamento, el aire huele a eucalipto. Que bueno que hayamos llegado a un lugar con tan buena onda después de nuestra mala experiencia en Ollantaytambo.

 

David

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