Aventura culinaria

Esta mañana al salir de la camioneta, lo primero que notó David fue que la Zaigua estaba cubierta de escarcha y nuestras botellas tenían agua cristalizada. El pasto alrededor estaba hecho hielo y nos ardían las manos del frío.  Fue sin duda alguna, una de las noches más frías que hemos pasado en la Zaigua; por suerte estamos bien equipados con varias cobijas que nos evitan el sufrimiento de helarnos con estas temperaturas.

 

Guillermo salió temprano de su casa a ver cómo estábamos y cerciorarse de que no nos habíamos congelado –al menos eso decía su cara. 

 

El sol salió y derritió la escarcha al tiempo que desentumió nuestros cuerpos helados.  Inmediatamente se notó un gran cambio de temperatura. 

 

Guillermo y su esposa
Guillermo y su esposa

Guillermo nos invitó a desayunar –uno de esos tremendos platones  de comida que les gusta comer a los peruanos a primera y última hora del día- y a pasar a su casa; “hay caldo de cordero” nos dijo con una sonrisa.

 

Algo interesante es: en la sierra –según nos han dicho desde que entramos en Perú y hemos comprobado-, es una gran ofensa negarte a comer lo que te ofrecen.  Fuera de eso, es una gran pena negarte a comer lo que te preparan –sea lo que sea-, porque puedes ver en sus caras lo orgullosos que se sienten de que comas con ellos sus platillos.

 

Yo no como cordero, ni borrego, ni chivo… Y tener un gigante tazón de caldo de cordero a las 7am fue un verdadero reto.  Pensé lo que mi mamá me diría: si no te gusta no tienes porqué comerlo.  Pero en esta situación un “no gracias” no era una opción.  Di algunas cucharadas, y hablé y hablé para mantener la boca ocupada con algo más que no fuese la comida.  Apenas había avanzado un poco cuando Guillermo insistió en rellenarlo –“eso ya se te enfrió”.  Al fin me di por vencida y regresé el plato casi intacto.  No pasó nada por no haber terminado mi comida, pero sí me sentí un poco incomoda y grosera.

Y no vimos esa sonrisa de satisfacción que ponen cuando terminas la comida con gusto. 

Salimos rumbo a la comunidad Surimana, de donde es Jeannette y en donde nació Túpac Amaru, un hombre que pasó a ser un símbolo indígena de la independencia peruana.  De Amaru aún se conserva lo que fue su hogar, una casona de adobe en buen estado.

Conocimos al grupo de mujeres con quienes trabaja Redes Perú, en esta comunidad son 35 las que forman parte de la Asociación de Mujeres.  A ellas, al igual que en la comunidad que visitamos ayer, se les ha dado capacitación para crianza de cuyes y en este caso ovejas –en lugar de alpacas-; además de dotárseles con cuyes y ovejas para reproducción.  También se les han entregado hortalizas, que  en conjunto con la crianza de animales, garanticen una alimentación apropiada para los niños y madres.

 

En estas comunidades notamos algo que jamás habíamos visto antes: los comuneros  tienen severos daños en la dentadura, todo indica que han sido provocados por mascar hojas de coca continuamente  -al ser comunidades que se encuentran a una altura sobre el nivel del mar considerable- y no contar con atención médica dental.  

 

Durante la reunión las mujeres levantaron algunas peticiones –“necesitamos vitaminas señorita, somos viejas y estamos flacas, necesitamos vitaminas para seguir trabajando” dijo la mamá de Jeannette entre risas.  Pedían también más capacitaciones, más inversión al banquito comunal  - lo que hay en caja no alcanza para todas, hay largos tiempos de espera para poder obtener un pequeño crédito-, y más hortalizas que cultivar en la época de lluvia que llegará en unos meses.

En esta comunidad tuvimos la oportunidad de ver la “dosificación” de las ovejas.  Al igual que ayer, con una jeringa metálica se es administraba medicamento vía oral y se les marcaba en la cabeza para identificarlas como “dosificadas”.  Para esto se reunieron gran parte de las mujeres de la asociación, el pastor de las ovejas, Guillermo y un miembro más de la comunidad.

Cuy al horno con papas.
Cuy al horno con papas.

Luego de esto y de la reunión, nos pasaron a David, a Guillermo,  a Jeannette y a mí al comedor.  Estábamos a la expectativa de qué comeríamos –al menos si David y yo.  Entramos al pequeño comedor construido con adobe, al que entraba la luz tenue de afuera y calentaba el horno de leña del que sacaron la comida: cuy (conejillo de indias –la mascota de uno de mis primos).  Nos pusieron  enfrente un plato con unas cinco papas medianas  y un cuy entero encima.  Nos quedamos con la boca abierta, no solo por la apariencia del  platillo, sino por lo bien que olía.

 

Por fin comeríamos el famoso cuy, que desde Colombia nos han recomendado.  El cuy es una de los platillos peruanos más especiales, mucho más aquí en la sierra.  Es un platillo costoso y muy rico, con mucho valor cultural.  Fue una experiencia totalmente diferente, una aventura culinaria.  Eso sí, un vegetariano hubiese sufrido mucho en esta y muchas otras situaciones, que se presentan en casos como el nuestro. 

El trabajo que las mujeres están llevando a cabo en sus comunidades es un ejemplo de la capacidad y fortaleza que tienen las mujeres para salir adelante. Por que como dijo la madre de Jeannette, muchas de ellas son ya mayores de edad, hay algunos casos de desnutrición y se ven forzadas –también están acostumbradas- a hacer trabajos muy pesados, que exigen un alto nivel de esfuerzo y desgaste físico.  Las vitaminas, son solo una parte de lo que necesitan,  aparte de atención médica.   

 

Sin duda, Redes Perú ha contribuido a mejorar notoriamente estas comunidades, armándolas de herramientas y conocimientos, y facilitándoles recursos que les permitan emprender negocios y alimentar a sus familias.

 

Salimos de la comunidad Surimana, rumbo a Combapata y de ahí en dirección a Cusco.  Nos despedimos de Jeannette y de Guillermo, ambos amables y cariñosos como lo han sido la mayoría aquí en la sierra peruana –contrario a lo que nos advertido: “son más fríos y cerrados”. 

 

 

Camino a Cusco pasamos por una población llamada Urcos, una pequeña ciudad.  Ahí buscamos un hostal y rentamos una ducha.  Nos sentimos como nuevos después de bañarnos, listos para continuar nuestro camino.

 

Entramos a Cusco por una vía distinta a la que conocíamos, y descubrimos que la ciudad es mucho más grande de lo que sospechábamos.  Por suerte llegamos sin ningún problema al centro histórico.  El camino fue fácil, y al llegar a la iglesia San Francisco -enfrente de la cual estuvimos estacionados nuestros anteriores días en Cusco- justo se desocupaba un espacio para aparcar. 

 

Estamos de regreso, en un Cusco no tan frío como lo dejamos. Con suerte las temperaturas seguirán soportables los días venideros.  Por ahora ha sido una grandiosa bienvenida.

 

Andrea

 

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Juan Y Gilda (domingo, 28 julio 2013 04:58)

    Un caluroso saludo y un fuerte abrazo desde la Bella Costa Rica .
    Sigan siempre p'lante y procurando ser felices.

  • #2

    Zaigua (lunes, 29 julio 2013 18:40)

    Que bueno saber de ustedes Juan y Gilda, muchas gracias por sus palabras, ya saben que los estamos esperando en el camino :)
    Un abrazo muy fuerte

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