sáb

03

ago

2013

Menos mal que nos bendijeron...

Parece ser que la actividad durante estos días en Copacabana comienza muy pronto. Dormimos en la plaza principal de la localidad pero poco después de las 6:00 la policía estaba tocando a nuestra puerta para que nos moviéramos. Las razones eran varias, en poco rato iba a dar comienzo un desfile, se instalaban los puestos callejeros y el motivo por el que habíamos pasado la noche aquí: la bendición de los automóviles.

Aunque era muy temprano ya había una fila considerable de coches que comenzaba en frente de la iglesia. Nos dijeron que aprovecháramos a poner la Zaigua porque luego tendríamos que ir hasta la playa para que nos la bendijeran e iba a ser más caótico. Dicho y hecho, dimos la vuelta y nos pusimos en la fila. En lo que aparecieron los padres  con sus cubetas  de agua bendita nos pusimos a adornar la Zaigua como el resto de vehículos, la verdad que aquello parecía un carnaval más que un evento religioso.

 

Nosotros fuimos un poco moderados, un sombrero por aquí unos adornos por allá… pero todos los demás carros (el 99% peruanos) estaban repletos de adornos, vimos incluso coches y casas en miniatura que simbolizaban otras posesiones para que también fueran bendecidas.

En esta vida no hay nada gratis, y menos con la iglesia. Para que cada vehículo recibiera la bendición había que hacer un donativo de 10 bolivianos. Según nos dijo el encargado de cobrar la tasa, este evento se estaba convirtiendo en un negocio más que en un acto religioso, a los padres lo que le interesaba era cobrar y lo primero que hacían era recoger tu ticket. Nosotros llegamos a comprarlo por 10 bolivianos pero parece ser que a lo largo del día la “tarifa” cambiaría a 10 soles, casi la moneda principal de Copacabana. Aunque estábamos en Bolivia siempre que nos acercábamos a preguntar por algo nos daban el precio en moneda peruana.

Cuando salieron los padres de la iglesia comenzó la acción. Cada padre se dirigía a un coche, reunía a los propietarios y comenzaba con su sermón bendiciendo al carro, los asistentes y todo lo que le pedían. Luego regaba con agua bendita a los dueños, el motor y el interior y el exterior del carro. Incluso algunas personas hacían que el padre rompiera una botella de licor en frente del carro y luego con otras botellas regaban el exterior del vehículo, todo un espectáculo.

 

Cuando nos llegó el turno, el padre se sorprendió un poco desde donde veníamos pero tampoco dijo mucho más. Hizo lo mismo que con los demás incidiendo en que estuviéramos protegidos durante el viaje. Después empezó a echar agua bendita por toda la Zaigua y nos bendijo a nosotros (incluso bendijo nuestras artesanías, a ver si así empezamos a vender más). Nos resultó un evento muy peculiar pero como nos dijeron con anterioridad parecía más un show lucrativo que un acto religioso.

Estacionamos la Zaigua en un lugar tranquilo cerca de la plaza y fuimos a dar un paseo. En la plaza principal se llevaba a cabo un desfile y allí estuvimos observando un rato. Llegaron las autoridades locales desfilando y luego diferentes instituciones educativas, para finalizar cantaron el himno boliviano mientras izaban la bandera. El día 6 de Agosto es cuando se celebra la independencia de Bolivia pero parece que los actos patrióticos comienzan varios días antes.

Visitamos la iglesia que alberga la famosa virgen de Copacabana (sin tomar ninguna foto, hay carteles que te advierten que si tomas una foto te requisan la cámara) y la capilla de las velas. A esta última capilla de reciente construcción llegan los feligreses con velas para orar y hacer sus peticiones. Había muchísima gente y un incontable número de velas encendidas, toda la capilla olía a cera.

A media mañana la playa estaba repleta de gente, prácticamente todos los visitantes eran peruanos aunque también se veían algunos “gringos” curioseando. Toda la playa estaba repleta de vehículos con sus coloridos adornos y la gente festejando con comida, alcohol y bebidas. En el agua había kayaks e inflables para la diversión de los más pequeños e incontables barcos que te llevaban hasta la isla del Sol, según la leyenda el origen de la cultura Inca.

Después del mediodía la actividad era frenética y nosotros ya habíamos tenido suficiente por hoy por lo que decidimos continuar nuestro camino. Nos dirigimos hasta Tiquina, a unos 40 minutos de Copabana para ir en dirección a La Paz. En este punto la carretera se acaba y no hay ningún puente para atravesar el lago Titicaca. Lo que si hay son muchos lanchones o mini-ferris que te cruzan de un lado a otro por 35 bolivianos. Fue nuestro segundo cruce acuático con la Zaigua aunque esta vez llevaba un decoración muy especial.

 

Al llegar del otro lado retomamos la carretera pero sin saber en dónde parar a dormir. Por primera vez en nuestro viaje no teníamos ningún mapa que nos orientara, sabíamos que podíamos llegar fácilmente a La Paz, pero lo íbamos a hacer de noche y no queríamos adentrarnos en otra capital de noche sin saber dónde dirigirnos.

 

Nos pusimos en marcha con la necesidad de echar gasolina y esto fue lo que nos amargó el resto del día. Nos habían avisado que el precio de la gasolina en Bolivia es el triple para los vehículos extranjeros y que aun así en algunas gasolineras no te sirven gasolina porque no tienen unas facturas que exige el gobierno. Total, que paramos en la primera gasolinera y primer fracaso, tras una breve discusión nos fuimos sin combustible. Paramos en otra y allí estuvimos casi 30 minutos sin poder llegar a ningún acuerdo: que no podían servirnos a precio boliviano, que habían cámaras vigilándoles y blablablá. Me tenían harto, tanto que les pedí que me sirvieran un litro de gasolina a precio de extranjero porque era lo único que podíamos costearnos. Hicieron una llamada de teléfono y me dijeron que no podían servirme ya que no me iban a hacer una boleta por esa cantidad.

 

Cada vez estábamos más estresados y cansados por esta situación (en ningún lugar te cobran el triple por el combustible solo por ser extranjeros), nosotros solo queríamos continuar nuestro camino, no éramos traficantes de gasolina. En fin, que fuimos a otra gasolinera y decidí cambiar la estrategia, la mayoría de la gente tiene un precio por el que quebranta sus principios o la ley no? Pues funcionó. Les propuse que les iba a dar un boliviano de propina por cada litro que me sirvieran. Al principio ponían de nuevo las excusas de las cámaras pero el hecho de verse con unos bolivianos solo por echarnos gasolina les hizo cambiar de opinión. Todos ganábamos, nosotros nos ahorrábamos más de 4 bolivianos por litro sobre el precio oficial para extranjeros y ellos recibían un extra por su “servicio”. Vamos a ver cómo nos va a partir de ahora con este tema, parece que cada vez que queramos poner gasolina va a ser un quebradero de cabeza para no tener que pagar la tarifa internacional.

 

Ya era muy tarde cuando entramos a La Paz. Estábamos cansados de todo y solo queríamos encontrar un sitio donde estacionarnos para dormir. La entrada fue caótica, vehículos por todos lados sin respetar ninguna señal de tráfico y peatones cruzando por todos los lados. Después de casi una hora conseguimos llegar al centro y la situación mejoró, el problema es que no había espacios para aparcar. Al final hablamos con la policía de tránsito y nos permitieron pasar la noche a un costado de la comisaría.

 

Ha sido un día con demasiado de todo, necesitamos descansar bien para asimilarlo bien y darnos cuenta que estamos en otro país muy diferente a los anteriores.

 

David

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Comentarios: 3
  • #1

    José A. Mora (jueves, 08 agosto 2013 10:05)

    Vaya parece que en todos lados se cuecen habas, sorprende el peregrinaje solo para reabastecer combustible. Buena suerte y que Dios los bendiga. Saludos desde Tapachula, Mex.

  • #2

    Zaigua (jueves, 08 agosto 2013 11:06)

    Gracias José, un saludo desde La Paz, Bolivia.

  • #3

    mónica (jueves, 08 agosto 2013 16:08)

    Toda esperiencia es buena , que os vaya saliendo todo bien. Abrazos desde esta Salamanca tranquila (a veces demasiado). Mónica

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