De viaje con el Club VW

Eran las 4:30am cuando sonó la alarma. Nos levantamos lo más rápido que pudimos –en cuanto logramos abrir los ojos- y nos alistamos para salir del hostal.  Hacía frío y el viento soplaba sin parar.  Debíamos ir a sacar la Zaigua del garaje en el que la dejamos, e ir a la gasolinera de al lado ya que ahí veríamos a José Luis a las 5:00am. Hoy nos llevarían a conocer Coroico, un pueblo que se encuentra  a unos 90km de La Paz, aprovechando que hoy es día feriado.

 

El guardia del garaje se quedó dormido y tardamos un buen rato para lograr que nos escuchara.  A José Luis por lo visto le pasó lo mismo.  Nos vimos un poco más tarde de lo acordado pero aún antes de las seis.  José Luis nos guio a una plaza en la que nos encontramos con más miembros del club y comenzamos la ruta.

 

Pasamos de clima frío a helado en pocos minutos.  Nos detuvimos en un  mirador en la cumbre de una montaña, un nevado se veía a corta distancia junto al frente de nosotros.  Según nos dijeron, el lugar en que estábamos parados, hacía apenas una semana también estaba cubierto de nieve.

 

José Luis bendiciendo a la Zaigua
José Luis bendiciendo a la Zaigua

Ahí bendijeron las llantas de los autos: cada uno llevaba una botellita de alcohol etílico, que rociaron en cada llanta, incluidas las de la Zaigua.  Luego rociaron las flores que rodeaban una gran cruz de la cumbre.  “Para que nos vaya bien en los caminos, para tener un viaje seguro” nos explicó José Luis.

 

Continuamos la ruta, hacía tanto frío en esa zona que me ardían los dedos de los pies de dolor, apenas y podía moverlos.

El auto de José Luis guiandonos
El auto de José Luis guiandonos

A partir de ese punto comenzamos lo que sería un profundo descenso.  Con ello, el clima fue cambiando notablemente. 

 

Nos detuvimos en un pequeño pueblito y fuimos a conocer su iglesia.  Una bonita construcción en piedra.  Luego fuimos  a lo que eran las vías del tren, ahora en desuso.  Según nos contaron, las vías de tren del oriente de Bolivia son de distinto tamaño que las del occidente, es por ello que no fue posible unificarlas como un solo circuito férreo.

 

La carretera que seguimos para llegar a Coroico, es la que construyeron alterna a la famosa Carretera de la Muerte, que hoy en día se ha convertido en un circuito que los turistas hacen en bicicleta.

 

Hombres desfilando
Hombres desfilando

Llegamos a Coroico, sorprendidos por el bochorno de calor que nos vino encima apenas bajamos de los autos.  En las calles no caía una persona más, gente de todas las edades formados para desfilar.   Indira, la hija de José Luis, nos comentó que desfilar es una obligación para los miembros de los pueblos: todo aquel con propiedades debe desfilar, de no hacerlo recibe una multa.

 

Fuimos al mercado a desayunar, lo cual no fue tarea fácil…. Ya era tarde para desayunos y la mayoría de las vendedoras ya no tenían comida. Encontramos una que haría desayunos para todos.  Éramos unas quince personas, así que eso llevó su tiempo, tanto, que Mary  -esposa de José Luis-, optó por ayudar a la mujer a secar cubiertos y servir los platos.

Mary agilizando las cosas
Mary agilizando las cosas

Resultaba gracioso ver a tantas personas tratando de ponerse de acuerdo. Nos sentamos todos alrededor de dos grandes mesas de madera y esperamos la repartición de platos y bebidas.  Luego del desayuno fuimos a conocer unas bonitas cascadas que se encuentran a media distancia desde el pueblo. 

 

El día se nos fue muy a prisa.  Pronto estaríamos haciendo el camino de regreso a La Paz, que hicimos bastante lento, ya que ahora todo era ascenso y para eso, la Zaigua toma su tiempo…

 

Conforme avanzábamos el frío regresaba, esta vez en la cumbre estaba nevando pero aun así el frío se sentía menos que en la tarde. 

 

Llegamos a La Paz bastante cansados pero satisfechos de haber dado un muy buen paseo.  Nos despedimos y cada quien a su casa.  Dejamos la Zaigua en el garaje y nos fuimos al hostal, que hoy por conmemorarse el día de la independencia de Bolivia, ofrecía una fiesta en la que nos encargaríamos de tomar algunas fotos y claro, de disfrutar de la celebración.

 

Andrea

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