Nueva artimaña para conseguir gasolina

La Paz está resultando ser menos fría de lo que esperábamos, en Perú nos dijeron que aquí la temperatura baja mucho, pero tampoco es algo inaguantable. Hace el frío normal de inverno a más de 3000 metros de altura en la cordillera andina. También es cierto que en Cusco nos entrenamos bastante bien para aguantar temperaturas bajas, y dentro de la Zaigua…

La semana se ha ido rapidísima y todavía nos faltaban algunas compras que hacer antes de que nos pongamos de nuevo en ruta el lunes si no hay cambios de planes. Tenemos que aprovechar que aquí la mayoría de las cosas están más baratas para aprovisionarnos. Regresamos a la zona comercial y literalmente nos perdimos entre sus calles. Poco a poco nos introdujimos en la maraña de puestos y toldos y después de 10 minutos no sabíamos ni donde estábamos entre tanta ropa, zapatos, mochilas, comida, etc. Preguntado conseguimos llegar hasta la calle de aparatos eléctricos (Eloy Salmón) y compramos un conversor de corriente de 220v a 110v. La computadora se sigue calentando demasiado y vamos a ver sin reduciéndole el voltaje nos deja trabajar con mayor comodidad. También aprovechamos para comprar latas de conserva que siempre nos sacan de algún apuro en el momento oportuno.


Más tarde regresamos a las oficinas de Migración a extender nuestros visados. En la frontera nos explicaron que solo podían otorgarnos 30 días y que si requeríamos de más tiempo teníamos que acudir a la oficina de la capital para que nos aprobaran la extensión, es el primer país en el que nos sucede esta situación. Llevamos copia de nuestro pasaporte, sello de entrada y tarjeta verde y contra todo pronóstico en apenas 5 minutos nos dieron 60 días más. La verdad que no creemos estar tanto tiempo en Bolivia pero nunca se sabe que puede pasar y es mejor prevenir algún problema con nuestros pasaportes en el futuro.

 

Por la tarde José Luis vino a hacer de “gasolinero”. Ya hemos explicado en un post anterior las dificultades que tuvimos para que no nos echaran gasolina a precio internacional cuyo precio es el triple de lo que le cuesta a los bolivianos. Por eso José Luis vino con su peta-vocho-escarabajo y pasamos la gasolina de su tanque a la Zaigua con una manguera. Tuvimos que ir a la gasolinera dos veces para poder llenar nuestro depósito. La verdad que fue una situación bastante esperpéntica, parecíamos traficantes dentro del garaje tan oscuro en el que está estacionada la Zaigua pero gracias a esta artimaña y a la amabilidad de José Luis nos pudimos ahorrar bastante dinero. El dispendio de combustible en Bolivia está muy controlado incluso para los mismos bolivianos. El gobierno conoce cuanta gasolina utiliza cada persona y vehículo ya que hay que proporcionar los datos personales en la gasolinera. Incluso si se quiere llenar un bidón extra para cualquier otra cosa el máximo es 20 litros y hay que entregar fotocopias del carnet de la persona que se lleva la gasolina.

 

Acaba de regresar el frío y vamos a darnos una vuelta por nuestros puestos de comida callejera a ver que se nos antoja hoy. Después, a calentarnos con cerveza Saya en el hostel, que hoy ha llegado mucha gente nueva y seguro que hay muy buen ambiente esta noche.

 

David

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