Ruta gastronómica

Anoche, tanto Fernando como Jhony, trataron de convencernos para que durmiéramos en una de las habitaciones del alojamiento Yungas ya que por la noche la temperatura baja de 0°C. Sin embargo, después de una semana sin dormir en nuestra cama lo único que queríamos era tirarnos en la Zaigua. La verdad que no tuvimos frío pero al amanecer comenzamos a sentir la combi helada, no en vano el agua se había congelado en el exterior y en el interior se había formado una capa de escarcha en los vidrios.

 

Para entrar en calor nos acercamos hasta el mercado a probar los famosos apis de Oruro. Todavía no había mucha actividad (y eso que ya casi eran las 10), una de las diferencias entre Bolivia y otros países sudamericanos en los que hemos estado, es que el movimiento de las ciudades comienza más tarde. Nos sentamos en un puesto y pedimos un api con buñuelo.  El api se hace a base de chicha morada, se endulza y se calienta, es una bebida muy nutritiva. El buñuelo es una masa frita igual a los picarones de Perú solo que circular con un toque a canela que es deliciosa con miel. También servían pastel y como no sabíamos que era pedimos uno. Resultó ser una masa parecida a la del buñuelo pero medio ovalada y rellena de queso.

Agradecimos a Jhony que nos hubieran dejado pernoctar en el estacionamiento y nos pusimos en marcha hacia Cochabamba, teníamos alrededor de 200 km que recorrer. Decidimos no echar gasolina y utilizar los 20 litros que teníamos de reserva y habíamos cargado en La Paz, no queríamos ir a amargarnos el día en una gasolinera. Con ese combustible no deberíamos de tener problemas para llegar hasta nuestro destino.

 

En el camino la policía nos volvió a pedir los elementos de seguridad del vehículo (triángulo, botiquín y extintor) varias veces. En todo nuestro trayecto los policías bolivianos son los únicos que nos han pedido estos tres elementos, casi hasta nos alegramos de que lo hagan para así quitarles el polvo y resulten útiles. Sin embargo cuando te lo piden varias veces al día es un poco molesto. Además, se interesan más por esas cosas que por los papeles del vehículo ya que en ocasiones se olvidan de los permisos, parece que solo quieren encontrarnos en un descuido para ponernos una multa y jugar al juego de “poli bueno poli malo yo te quito la multa si me colaboras”.

 

Después de un peaje nos paró un grupo de militares (que enseguida nos rodearon) junto con dos personas que parecían funcionarios y nos pidieron el ticket de nuestro último repostaje de gasolina ¿cómo?, ¿se creen que venimos guardando recibos desde México?, ni que nos arrepintiéramos de nuestra compra y fuéramos a exigir una devolución. Le explicamos que no lo teníamos ni nadie nos había dicho que teníamos que guardarlos y que la última vez que habíamos repostado fue en La Paz. Nos dijeron que por esta vez estaba bien (hicieron de poli bueno) pero que teníamos que guardarlos para demostrar que nos habían suministrado combustible con la tarifa internacional. La verdad que son bien pesaditos con este tema, ya estoy empezando a pensar que tenemos cara de traficantes de gasolina.

 

Antes de llegar a Cochabamba volvimos a ver unos edificios parecidos a los que vimos en El Alto que  nos llamaron la atención. En medio de la carretera y rodeados de simples construcciones, se erigían unos inmuebles de reciente construcción muy ostentosos y con una arquitectura muy trabajada. Aquí estaban construidos como planta baja pero en El Alto los vimos en la parte de arriba de edificios de 3-4 pisos que solo tenían el armazón edificado, como diciendo “yo estoy por encima de todo”. Qué raro, ¿de dónde habrá salido todo ese dinero en los últimos años, en un país en dónde hemos visto la pobreza en la que está sumida tanta gente?

Al llegar a Cochabamba llamamos a Julio, del club de Petas, y en apenas media hora vino con Pablo a recibirnos. Estuvimos charlando un rato sobre el viaje y nuestros planes en la ciudad y nos fuimos a comer algo con Julio y su familia. Cochabamba  es famosa en Bolivia por algo que nos encanta: la comida. Hay multitud de lugares para ir a comer con mucha variedad de platos aunque el típico es el trancapecho que es lo mismo que un silpancho pero te lo ponen todo dentro de un pan (arroz, carne y huevo).

 

Nos llevaron hasta uno de los lugares típicos de la ciudad, las Islas. Aquí hay varios puestos de comida que te sirven silpanchos, trancapechos, anticuchos, tacos, chorizos, hamburguesas, etc. y todo de un tamaño considerable, habíamos llegado al paraíso. Primero probamos lo típico, un sinpancho, pero la gula nos pudo y ya sin hambre pedimos un chorizo enorme. No sé como, pero mañana seguro que volvemos a este lugar a seguir probando comida, es buena, barata y las porciones son enormes.

En caravana con Pablo y Julio y su familia nos dieron un pequeño tour hasta la plaza principal. Nos llamó la atención que en plena plaza se estaba llevando a cabo un acto del “Movimiento bolivariano de solidaridad con Cuba”, llegamos al final cuando estaban poniendo un video de Fidel Castro y no nos enteramos de mucho.

Don Víctor, otro de los miembros del club de Petas, llegó a recibirnos y quedamos con él para ir mañana a ver la Urkupiña juntos. Nos despedimos de Julio y nos fuimos hasta la casa de Pablo a estacionar la Zaigua y descansar.

Bolivia está resultando un país de muchos contrastes, con sus cosas buenas y malas, pero lo que es cierto es que nuestra estancia está siendo muy agradable gracias a todos los amantes de Volkswagen que hay repartidos por el país.

 

David

Escribir comentario

Comentarios: 0

Buscar en Zaigua:

Google:  Yahoo:  MSN:
English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified