La Urkupiña, tremenda experiencia

Despertamos temprano y con buen clima, por fin! Después de semanas de frío.  Pablo –miembro del club VW aquí en Cochabamba- quien anoche ofreció que aparcáramos frente a su casa, bajó a darnos los buenos días y a invitarnos una taza de café.

 

Estuvimos platicando con Pablo hasta que llegó Julio –a quien conocimos también ayer, miembro del club. Julio nos llevaría a Quillacollo, donde se celebra la Urkupiña.

 

La fiesta por la Virgen de Urkupiña, es una majestuosa muestra de devoción que miles de feligreses realizan cada año en Quillacollo.  Este año se esperan más de 20,000 devotos danzando al ritmo de bandas que animan la fiesta.  Los danzantes recorren alrededor de cuatro kilómetros hasta que llegan a la Parroquia de San Idelfonso de Quillacollo, muchos de ellos entran al templo de rodillas haciendo sus plegarias.

 

Llegamos a Quillacollo, nos acompañaba Don Víctor –otro miembro del club VW-, que iba a ver  su mujer danzar.  Entramos a la iglesia y nos llevamos las primeras sorpresas del día: los colores de los trajes, lo impresionantes que eran y el rejuego dentro del templo.

Salimos de la iglesia e intentamos integrarnos entre la gente que esperaba a los lados de las calles por las que pasarían las danzas, pero no había mucho espacio y la policía nos hizo movernos para no estorbar.  Seguimos caminado entre la –mucha- gente, hasta que encontramos un huequito donde meternos para ver el espectáculo.

 

Evo Morales
Evo Morales

Cambiamos varias veces de lugar, cada vez era más la gente y se nos dificultaba ver a los danzantes sin tener que pagar por un asiento.  Luego de un rato encontramos un muy buen lugar en las gradas cercanas al palco oficial, desde donde vimos a Evo Morales.  Más tarde leímos en el periódico local que es la primera vez que el mandatario acude a la Urkupiña.   

 

Desde ese lugar pudimos ver la mayoría de las danzas: Los Tinkus, Diablada, Morenada, Pujllay, danza Valluno, Salay, Caporales, Saya afro boliviana y las Tobas.  Cada una especial y muy colorida.  Los atuendos son en realidad impresionantes, la música que las acompaña las hace más intensas.  

Nos dieron ganas de bailar, de aplaudir, y de ponernos esos vestuarios hechos tan a detalle, con tanto color y tan diferentes unos de otros.

 

La policía estaba controlando bastante el consumo de alcohol, y era gracioso ver la cara a quienes incautaban las latas de cerveza o las botellas de refresco llenas de ron.

 

Cuando cayó la tarde nos pusimos en marcha de regreso a Cochabamba, que se encuentra a pocos kilómetros de Quillacollo. Tomamos un bus y pronto estábamos de regreso. Por suerte no presenciamos ningún incidente.

 

Ya en Cochabamba, llegamos a casa de Don Víctor y charlamos un buen rato. Luego salimos a por unas hamburguesas en “Las Islas”, una zona de puestos que ofrecen bastante comida rica.

 

Ahora pasaremos la noche en casa de la hija de Don Víctor. Seguramente dormiremos muy bien, después de estar todo el día de celebración.

 

Andrea

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