El Calvario

Peregrinaciones a vírgenes católicas a las que asisten miles de personas hay muchas en diferentes lugares del mundo, pero peregrinaciones en donde los fieles llevan miniaturas de las cosas que quieren recibir y además se arman de enormes mazos para llevarse rocas cuyo peso desean convertirlo en dinero solo hay una: la peregrinación a la Virgen de Urkupiña en Quillacollo.

En la mañana nos dirigimos hasta la casa de don Víctor para desayunar bien antes del largo día que nos esperaba. Don Víctor y Rori nos invitaron a un delicioso desayuno, con mermelada de piña casera incluida, y al terminar nos juntamos con Pablo para dirigirnos hasta El Calvario. Mucha gente camina desde Cochabamba hasta El Calvario (alrededor de 12 km) en la madrugada y llega al amanecer, sin embargos nosotros decidimos ir en taxi. Preferimos utilizar el transporte público para no estar preocupados por un vehículo todo el tiempo y como éramos cinco personas casi nos salía igual ir en taxi que en autobús.

En cuanto llegamos a Quillacollo el tráfico se hizo pesadísimo, muchos vehículos queriendo llegar al mismo destino. El taxista nos acercó todo lo que pudo y luego continuamos a pie. Tomamos un par de atajos para evitar una caminata mayor. En el primer atajo atravesamos uno de los muchos puentes que la gente había construido de manera artesanal para cruzar una acequia y en el segundo tuvimos que subir una escalera de madera para cruzar el muro que rodeaba el cerro, por ambos tuvimos que dejar una pequeña propina.

Una vez que entramos al recinto nos impregnamos totalmente del ambiente que se vivía. Muchísima gente comprando miniaturas, picando piedra, bailando, celebrando, etc.; nunca habíamos visto algo así. Los fieles llegan al cerro, compran una miniatura de lo que quieren que la virgen les conceda (vimos todo tipo de vehículos, casas, edificios, maletas, títulos de propiedad, pasaportes, dólares, bolivianos, euros, títulos universitarios, negocios de pollos, ropa, etc.), compran petardos y cerveza y se dirigen hasta una de las personas que alquilan mazos para extraer rocas del cerro. Antes de darle al mazo hay que fijarse que la piedra verdaderamente pertenece al lugar y que ningún “listo” la ha traído de otro sitio. Se comienza a darle al mazo y recoger tanta piedra como uno quiera, toda esa roca simboliza el dinero que la virgen les va a conceder. Una vez que se tiene lo deseado se hace una pequeña celebración con petardos y cerveza. A continuación se dirigen hasta el padre para que les bendiga todo y luego hasta la misma Virgen en donde los voluntarios recogen las peticiones y las acercan a la virgen para que las bendiga. Todo un ritual lleno de simbolismo. Incluso hay personas que rentan pequeñas porciones de tierra que simbolizan futuras propiedades y celebran su futura posesión con cerveza y música. Una vez que se han cumplido las peticiones los feligreses regresan en años posteriores para regresar las piedras si es eso lo que prometieron.

Nosotros nos dejamos llevar por el ambiente y le estuvimos dando al mazo aunque no nos llevamos muchas piedras (tampoco hay que ser avariciosos). Además, Andrea compró una casa en miniatura (con combi incluida) y unos pasaportes con tarjetas de crédito y lo llevó todo a que fuera bendecido por el padre y la virgen. Ya avisaremos cuando se hagan realidad estas peticiones.

El cerro era un jolgorio absoluto y aunque había mucha gente tampoco era algo agobiante. Además de comprar miniaturas se podían adquirir otros artículos como comida, jugo de caña, dulces, cacahuetes e incluso hojas de coca (nosotros compramos una bolsa para hacernos infusiones y combatir el mal de altura y el cansancio durante el viaje). También había personas que te leían el futuro en plomo. Agarraban un cazo de plomo hirviendo, lo echaban en agua fría y la forma que tomaba predecía tu futuro.

Poco a poco salimos de El Calvario y tomamos un autobús para regresar a Cochabamba. Una vez en la ciudad fuimos a comer uno de los platos típicos de Bolivia, el charque. El charque es carne seca frita parecida a la machaca mexicana. Se acompaña de patatas, maíz y huevos cocidos y es una auténtica delicia, nosotros la probamos de res pero también la hacen de llama y dicen que es más sabrosa.

 

Por la tarde, aunque estábamos cansados, nos animamos con don Víctor a darle una lavada a la Zaigua. Fácilmente ha pasado más de medio año desde la última vez que la lavamos y fue todo un redescubrimiento, la Zaigua es blanca!

 

De nuevo, ha sido un día en donde la cultura boliviana nos ha sorprendido, ahora esperaremos que la casa en miniatura se haga realidad :)

 

David

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