La caverna de Umajalanta

Hoy hemos regresado unos cuantos miles de años atrás, en Torotoro retornamos a la época de los dinosaurios.

A primera hora de la mañana estábamos en la oficina de turismo con José, el gerente, quien nos había conseguido unos pases de cortesía al Parque Nacional para colaborar con nuestro proyecto. Lo único que teníamos que hacer era contratar un guía. Justo enfrente está la oficina de guías, conocimos a dos chicas francesas que querían hacer el mismo tour que nosotros y nos juntamos los cuatro para ahorrar dinero. Los guías pueden llevar hasta 6 personas y el precio es el mismo independientemente del número de personas, eso sí, para turistas bolivianos cuesta más barato que para turistas extranjeros.

Contratamos al guía para visitar la caverna de Umajalanta, una de las cavernas más turísticas de Bolivia que se sitúa a unos 10 km de Torotoro. Para poder llegar hasta allá se puede ir en transporte “semi-publico” (cobran 150 bs por todos  los componentes del tour) o ir en Zaigua como nosotros. Montamos a las dos francesas y al guía en la combi y nos dirigimos hasta la caverna.

 

En apenas media hora llegamos hasta el lugar destinado para el estacionamiento (éramos los únicos) y comenzamos una pequeña caminata de apenas 20 minutos.  En este trayecto nuestro guía nos enseñó diferentes huellas de dinosaurios, nos asombró la nitidez con la que se veían. 

Antes de entrar a la caverna nos sellaron nuestros tickets y alquilamos un casco y linterna frontal por 7.5 bs, ahora sí ya estábamos listos para adentrarnos a las profundidades de la tierra. Caminamos hasta la entrada y nuestro guía hizo la única y última advertencia: “si tienen claustrofobia es mejor que no continúen”, ya lo podía haber dicho antes.

Encendimos nuestras lámparas y comenzamos a descender por la caverna dejando atrás la luz del sol sumiéndonos en un silencio absoluto. Otra advertencia que el guía debía de haber especificado es que este tour no es para cualquier tipo de personas. Hay tramos muy estrechos en los que hay que arrastrarse para poder pasar y además hay algunos trechos con subidas y/o bajadas bastante exigentes.

 

Se notaba el paso del turista destructivo, aquel que se adueña de cualquier cosa sin importarle su valor geológico. Muchas de las estalactitas y estalagmitas que habían necesitado miles de años para su formación habían sido destruidas en cuestión de segundos. Aun así, nos encontrábamos ante un espectáculo natural subterráneo totalmente único.

 

Avanzando con algunas dificultades llegamos hasta el famoso “sauce llorón” una formación que tiene la forma de este árbol y vimos los extraños peces ciegos, unos peces de unos 10 cm que carecen de visión, la verdad que no la necesitan para nada en este lugar. En una bóveda todos apagamos las luces y la oscuridad era total, ni con los ojos cerrados se alcanza tal ausencia de luminosidad.

Estuvimos caminando, saltando y arrastrándonos por la caverna unas dos horas antes de que volviéramos a la superficie. Aunque el guía no era muy hablador y descuidaba mucho los elementos de seguridad , fue una bonita experiencia en la que apreciamos lo que la naturaleza es capaz de hacer bajo tierra.

 

Regresamos a Torotoro y hemos decidido  quedarnos un día más. Si todo marcha según lo planeado mañana vamos a recorrer los alrededores de la localidad pero esta vez en la superficie  para ver más huellas de dinosaurios, ¿veremos la del T-Rex?

 

David

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