Un día cultural en Potosí

Una de las cosas más difíciles a la que nos enfrentamos cada vez que llegamos a una ciudad grande es orientarnos para buscar un sitio seguro donde dormir y donde dejar la Zaigua durante el día. Potosí es una ciudad de tamaño mediano con un centro histórico totalmente colonial, enormes casonas, un laberinto de calles estrechas y poco espacio para estacionar. Pasamos la noche aparcados a un costado de la plaza principal pero teníamos que buscar otro lugar para estacionarnos ya que durante el día había que pagar.

En cuanto abrió la alcaldía, me dirigí al ayuntamiento para tratar de conseguir unos pases de prensa para nosotros y un permiso de estacionamiento para la Zaigua. Veníamos a documentar la festividad de Ch’utillos, así que, ¿por qué no nos íbamos a acreditar? Preguntando y preguntado acabe en el departamento de Relaciones Públicas del ayuntamiento y enseguida nos ofrecieron los pases, solo teníamos que ir a recogerlos por la tarde. El permiso de la Zaigua estaba más complicado por lo que tuvimos que buscar otro lugar para quedarnos.

Nos fuimos hasta la Casa de la Cultura, había suficiente espacio y la zona no se veía peligrosa. Lo que vimos fue  una muchedumbre ansiosa por conseguir un puesto en la calle donde llevar sus sillas y ver el desfile de Ch’utillos durante los próximos días. Por lo que nos enteramos, este trámite se tenía que haber hecho por internet pero por diferentes circunstancias nunca funcionó y toda la gente estaba bien tensa un día antes del evento tratando de conseguir su lugar. La verdad que el ambiente era bastante caótico.

Desayunamos nuestro api con pastel en el mercado y el resto de la mañana estuvimos paseando por esta ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad. En total, Potosí, se enorgullece de tener 18 casonas de estilo colonial para el deleite del turista, todas enclavadas en una maraña de angostas calles en las que nos perdimos varias veces.

El principal atractivo de la ciudad (y uno de los más importantes de Bolivia) es el “Museo Casa Nacional de Moneda”. Esta impresionante construcción que data del siglo XVIII estuvo funcionando como Casa de la Moneda hasta 1951 aunque desde 1930 sus instalaciones se han venido utilizando como museo. En la actualidad solo se usa como museo (la acuñación de monedas y fabricación de billetes no se hace en Bolivia sino en el extranjero).

En una hora y media de visita guiada, conocimos la historia de este lugar y vimos su gran colección de arte. Comenzamos admirando la mayor pinacoteca virreinal de Bolivia de la que sobresale la pieza “Virgen Cerro”, un cuadro que explica la historia e importancia de Cerro Rico para Potosí. En Cerro Rico se han extraído miles de toneladas de minerales desde la época de la conquista y actualmente sigue en funcionamiento. Potosí se fundó a los pies de estas minas tan transcendentales y sin duda son el icono de la ciudad.

También pudimos ver las máquinas que se han ido utilizando a lo largo de los años para la acuñación de monedas, desde la acuñación manual pasando por máquinas laminadoras enormes que funcionaban por tracción animal, las máquinas de vapor traídas de EEUU hasta las últimas máquinas eléctricas que se usaron en la Casa de la Moneda. Las que más nos impresionaron fueron las gigantescas  máquinas coloniales que utilizaban 4 mulas cada una para que el engranaje pudiera girar. Debido al esfuerzo realizado, los animales tenían que ser reemplazados cada 5-6 meses.

En diferentes salas observamos una gran colección de monedas acuñadas desde 1574 hasta 1951 y una colección de platería con una gran variedad de objetos todos hechos en plata, a mí el que más me llamó la atención fue el orinal, ¿no aceptarían un cambio por nuestro orinal?

Estuvimos conociendo el proceso de fundición de la plata en las bóvedas donde se hacían los lingotes y vimos una gran colección de minerales de la región en donde sobresalía una piedra boliviana única en el mundo por su tamaño. Un museo muy completo y entretenido de visita obligada en Potosí.

Al salir fuimos a cenar en un puesto callejero que nos llamó la atención ayer por la manera de servir. En un enorme vaso se incluía el refresco, el pollo y las patatas, parecía que estuviéramos bebiendo una especie de batido de pollo con patatas…

El frío nos acaba de regresar corriendo a la Zaigua, por primera vez en nuestro viaje está nevando!! Ojalá que no siga nevando y mañana podamos disfrutar de Ch’utillos sin gorro ni guantes.

David

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