lun

07

oct

2013

La vida San Pedrina...

Hace algunas semanas llegamos a Chile, en este instante no recuerdo con exactitud cuántas semanas han sido.  Como dicen aquí en el pueblo: San Pedro de Atacama nos ha atrapado…

 

Hoy es mi día libre de trabajo, digamos de la agencia en la que trabajo.  Mis jefes se han ido a Santiago y cerraron.  Así que tengo tiempo para escribir después de mucho sin hacerlo.

 

En San Pedro los días se van sin que uno note la transición entre uno y otro. Pareciera que este sigue siendo nuestro primer día aquí.  El fuerte sol y el viento llegan puntuales cada tarde.  La Zaigua nos espera cada noche en el sitio en el que ha estado desde el primer momento: en el parque frente al pueblo de artesanos.  Nos hemos hecho de amigos y de muchos conocidos.

En la agencia
En la agencia

Mi trabajo me permite dos cosas: ganar dinero y conocer a mucha gente.  Todos los días conozco turistas y viajeros de distintas partes del mundo, cada uno con su historia.  Mi tarea es la de ofrecerles tours en la región… lo cual me permite entablar una conversación.

 

David está trabajando en la cafetería del Pueblo de Artesanos, así que los dos estamos bastante ocupaos la mayor parte del tiempo, nos vemos para la hora de la comida –o colación como la llaman aquí en Chile-  y luego a la hora de la cena. Al día siguiente nos separamos a la hora del desayuno.

 

 

Quizá, no pasábamos tanto tiempo separados en el día desde antes de que terminara la universidad, un par de meses antes de emprender el viaje; eso le ha dado un giro a muchas cosas y nos ha permitido hacer cosas de manera independiente. A mi ver, eso nos ha beneficiado bastante.  

David en la cafetería, dueño y señor de la cocina
David en la cafetería, dueño y señor de la cocina
Helados artesanales del pueblo
Helados artesanales del pueblo

Nosotros ya tenemos bien ubicados los sitios buenos para comprar el pan, o en el que hay que comprar empanadas napolitanas, el del vino y el del pollo asado, las pastelerías, las heladerías y las duchas. Somos uno más en este sitio tan pequeño que semeja una puesta en escena de alguna obra abstracta.

 

Las construcciones son de adobe o arcilla, con techos en su mayoría maltrechos o consumidos por el paso del tiempo y la lluvia.  Fuera del centro muchas de las casas tienen láminas para cubrirlas de la intemperie, y están construidas como en cerros que las llevan de arriba para abajo. 

 

 

En el pueblo se ven escasos árboles, pero los que se ven son frondosos y de mucha ayuda para amortiguar los rayos del sol que parece que fulminan a medio día.  Será que nací y crecí en el desierto, que el aire seco, el sol blanco, y la tierra arenosa de San Pedro me son tan familiares.  

Atardecer en San Pedro, desde la agencia.
Atardecer en San Pedro, desde la agencia.

No sabemos con exactitud cuántos días nos quedan aquí, planeamos conocer los alrededores que se distinguen por su belleza natural: lagunas en el salar de Atacama, los géiseres del Tatio, las lagunas altiplánicas, el valle de la luna y el de la muerte con sus dunas y formaciones rocosas.  Por lo pronto seguiremos con el ritmo que el pueblo impuso a nuestras vidas, hasta que un día de estos despertemos, encendamos la Zaigua y retomemos la carretera.

 

 

Andrea

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