Días de paseo en el desierto

John y Gonzo en la Zaigua
John y Gonzo en la Zaigua

 

Mis días sin trabajo en la agencia continúan, todo indica que será hasta mañana que vuelva a la oficina, ahora mismo estamos en una época de muy poco turismo, así que tampoco nos estamos perdiendo de mucho –excepto yo de mi sueldo- al haber cerrado.

 

Aprovechando el tiempo libre organizamos con John, Gonzo y dos nuevos amigos una salida hacía las Termas de Puritama por el día y para la noche acampar en los Ojos del Salar, en el Salar de Atacama.

 

Por fin conoceríamos un poco de los alrededores de San Pedro.

 

 

Las Termas de Puritama son pozones naturales con agua termal, la entrada es de 15,000 pesos chilenos por la mañana –algo así como 30 dólares, ninguno de nosotros se podía darse ese “lujo”-. Por suerte Gonzo y John conocían otra área, en la que no es necesario pagar: Puri-Pobre, así es como lo bautizaron.

Puri-Pobre es parte de otra zona natural de la cual un hotel de San Pedro tiene la concesión.  Así que tampoco es meramente gratis, ni permitido estar ahí.  Sin embargo, no hay guardias en el lugar y al parecer es algo relativamente común que la gente que no puede o quiere pagar Puritama acuda a este sitio.

 

 

El paisaje es completamente desértico, se ven algunos cactus  entre matorrales llenos de espinas y lo que John dijo se llamaba “La almohada de la suegra”, una planta que semeja a una almohada pero está cubierta con largas y gruesas espinas.

Por fin en el agua!
Por fin en el agua!

Después de una caminata bajo el sol ardiente, aire frío y seco llegamos al pozón de Puri-Pobre. Apenas estuvimos ahí dejé la mochila de lado y me lancé al agua.  John y Gonzo nos dieron un vaso a cada uno con el cocktail que habían preparado: vino blanco con chirimoya. Algo bastante rico y fresco.  Luego comimos sándwiches de aguacate con tomate.

 

 

Pasamos ahí la tarde, relajados  bajo la presión del agua termal y el calor del día.  El sol me quemó la piel, parezco camarón, por suerte no fue tan grave.

Regresamos a San Pedro sin ningún inconveniente,  por suerte nadie nos molestó por estar en Puri-Pobre.   Cuando volvimos David y yo teníamos mucha hambre, resulta que nuestros compañeros de aventuras la mitad son vegetarianos y les parecía buena idea comer fruta mientras llegaba la noche, más tarde prepararíamos pasta con verduras.  A David y a mi esa idea nos pareció una locura, teníamos mucha hambre y no habría fruta  que nos la quitara.

 

 

Mientras el resto iba a comprar vino tinto, fruta y galletas, David y yo corrimos a comprar medio pollo asado y un tremendo plato de papas fritas.  A pesar de que comimos con mucho apuro, nos quedamos satisfechos, ahora sí podíamos comer frutas y galletas.

Se suponía que veríamos el atardecer en el salar, pero nuestra mala organización hizo que lo viéramos apenas a la salida del pueblo.   

 

Tuvimos que detenernos a que los chicos subieran una enorme rejilla de madera a la Zaigua, eso sería la fogata más tarde.  Luego John dio un salto de la camioneta para tomar ramas secas que ayudasen a encender la gruesa madera.  Por suerte aquí en el desierto todo esta tan seco que no resulta difícil comenzar un fuego.

Llegamos a los Ojos del Salar cuando ya había oscurecido, como pudimos nos acomodamos y comenzamos a poner las tiendas en las que dormirían Gonzo, John, Vince y Cony.  John encontró un magnifico lugar para hacer la fogata, entre los chicos rompieron la madera y comenzaron el fuego.

 

 

Pronto estaríamos todos alrededor del calor del fuego.  Hacía frío, aunque por suerte el viento nos dejó en paz un buen rato.  Vince fue el único que se animó a entrar en la gélida agua de uno de los Ojos.  Según él no estaba tan fría…

 

 

El cielo se veía increíble, es en definitiva uno de los cielos más tupidos de estrellas que he visto en mi vida. Además los Ojos del Salar reflejaban los destellos de las estrellas y la luna.  Hay una historia que cuenta que los incas cavaban ojos como estos, para ver en ellos las constelaciones de estrellas sin necesidad de voltear la cabeza al cielo.

Así nos pasó la noche,  el fuego comenzaba a extinguirse y nuestra energía también.  David y yo nos refugiamos en la Zaigua, pero el resto siguieron despiertos alargando su noche casi hasta el amanecer.

 

No fue hasta que salió el sol que logramos ver los Ojos del Salar, esta vez fue Gonzo el que se envalentonó y se lanzó al agua, para después salir tiritando a abrigarse del viento.   Tardamos mucho tiempo en recoger las cosas y subirnos a la camioneta, el apuro era que supuestamente hoy sí tendría trabajo –pero no fue así.

 

Nos subimos a la camioneta y nos dirigimos a la Laguna de Tebenquinche que desde lejos  se veía hermosa, reflejando las montañas color rosado y morado que la rodean.  Estaba sobre el agua un enorme grupo de flamencos, inmóviles, que se multiplicaban al reflejarse en el espejo de la laguna.

Gonzo en el agua
Gonzo en el agua

Luego de ver ese paisaje comenzamos el regreso al pueblo…

Fue una grata experiencia, ir con amigos a por fin conocer un poco del paisaje natural que distingue a esta zona. 

 

Dejamos a los chicos en sus casas y nos fuimos a desayunar rápidamente. Abrí la oficina y David se fue a  trabajar en los videos, horas más tarde hablé con mi jefa y me pidió que mejor cerrara la agencia después de comentarle que el pueblo estaba vacío. Cuando fui a ver a David me dio la grandiosa noticia de que vamos en 1er lugar en la nominación para “Mejor Blog de Viaje del Año”, el concurso se cierra el 15 de Noviembre, así que para aquellos que quieran votar, ingresen en bitacoras.com ahí podrán dar su voto.

Trabajaremos el resto del día y muy probablemente iremos a dar un paseo por Caracoles aprovechando el día libre.

 

 

Andrea

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