mié

20

nov

2013

Varados en la carretera

Hoy fue uno de esos días en los que despertamos y no sabemos en dónde estamos, al cabo de un instante recordamos dónde y porqué estábamos en ese sitio: la Zaigua no pudo más y se detuvo.  Por lo tanto, seguíamos al lado de la carretera.

 

 

A continuación hicimos un despliegue de contactos bastante interesante: llamamos a diferentes personas, entre ellos Johnny de Taltal –ya que veríamos a su familia en la Serena-, a Salem que es parte del Club Kleinbus y a Andrés en San Pedro, que también tiene una combi.  A partir de ellos logramos lo que fueron los primeros intentos de ayuda para sacar a la Zaigua –y a nosotros-  de ahí. 

David pidiendo raid
David pidiendo raid

Mientras eso sucedía, David optó por pedir raid hasta Vallenar, al poco tiempo de estar parado en la carretera se detuvo un autobús que lo llevó hasta la pequeña ciudad.  No tardó mucho en regresar, y en su viaje no obtuvo muchos resultados…

 

Gracias a los contactos de nuestros contactos, conseguimos que un mecánico fuese a ver a la Zaigua. De eso obtuvimos resultados más negativos que positivos, ya que el hombre empeoró la falla de la camioneta  - que resultó ser una avería en el distribuidor de corriente-  y se fue dejándonos nuevamente  sin una solución.

 

 

Entonces optamos por pedir ayuda a los coches –o en su mayoría camiones- que pasaban frente a nosotros.  Y así comenzó a dar un giro nuestro día, de lo negativo a lo positivo. 

La Zaigua siendo remolcada
La Zaigua siendo remolcada

Pusimos nuestros triángulos de emergencia y una pizarra a unos metros de la Zaigua que decía “Puedes remolcarnos?”  y nos sentamos a esperar.  No habían pasado cinco minutos para cuando vimos a un camión echarse a la orilla de la carretera.  David y yo nos vimos el uno al otro con cara de asombro y dimos un salto para hablar con el conductor.

 

 

Así fue como conocimos a Héctor, un hombre tremendamente amable y al que tuvimos la gran suerte de conocer.  Héctor nos remolcó hasta Vallenar, contactó a un mecánico conocido y le pidió que nos fuese a ver a la gasolinera en la que estaríamos estacionados.  

Aaron
Aaron

En el camino a Vallenar, de pronto vimos a una Kombi que se nos acercaba por uno de los costados mientras el conductor y la copiloto gritaban “¡¿necesitan ayuda?!"  Así fue como conocimos a Aaron y a Linda, dos californianos que están haciendo una ruta similar a la nuestra.  Aaron se encargó de darle una revisada a la Zaigua mientras el mecánico llegaba, gracias a eso pudimos descartar varias posibles averías.

 

El mecánico que llegó no pudo ayudarnos, no entendió bien lo que le pasaba a la camioneta y no tenía herramientas suficientes para averiguarlo. Pero nos hizo el favor de llamar a  otro mecánico amigo suyo, que más tarde iría a hacer su revisión pero tampoco podría ayudarnos…

Al poco rato de que Aaron y Linda se fueran, llegó a la gasolinera otra Kombi, esta vez eran un chico francés y una suiza montados en una Volkswagen del ’64, una verdadera antigüedad andando.   Pasamos un rato conversando con ellos mientras se nos ocurría qué paso dar a continuación. Las horas estaban pasando y era bastante desalentador que después de tres mecánicos diferentes la camioneta siguiera sin funcionar.

 

Optamos por preguntar en la gasolinera por un taller cercano, una mujer se acercó y nos recomendó uno que estaba a poca distancia de nosotros, así que fuimos.  Ahí  conocimos a Rubén, el mecánico que logró arregla la Zagua sin mayor complicación.  Así que si algún día están por Vallenar  su coche se avería, no duden en contactarlo.

Rubén Gonzalez, quien echó a andar a la Zaigua
Rubén Gonzalez, quien echó a andar a la Zaigua

Una vez que la camioneta funcionó se nos quitó un gran peso de encima, entonces Hector –que  junto con su esposa Vilma, nos había llevado almuerzo y fruta a la gasolinera- nos invitó a pasar el resto de la tarde y la noche en su casa.

Vilma, Héctor y Gastón
Vilma, Héctor y Gastón

Pasamos una velada genial. Héctor y Vilma prepararon un asado –carne a la parrilla- riquísimo, que acompañamos con vino tinto –bastantes copas de vino tinto- y un poco de pisco; además probamos la bebida de la región, El Pajarete.  Conocimos a un amigo de la familia, Gastón, que nos acompañó con el asado y la charla.  Conversamos hasta las casi tres de la mañana, entonces el cansancio pudo más y nos envió a la cama.

Fue un largo y muy buen día.  Nos quedamos con lo mejor, que es conocer gente tan buena y tan dispuesta a ayudar y compartir.

 

 

Andrea

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Comentarios: 2
  • #1

    Marce (viernes, 22 noviembre 2013 16:54)

    Andreita y David, que pena no habernos despedido, fue un gustazo! Que siga la aventura y nos vemos en Copan ;)

  • #2

    amelia (domingo, 01 diciembre 2013 01:57)

    que suerte que la zaigua ya este lista para seguir el camino , te esperamos en casa para la navidad, saludos a david.

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