Con los gauchos

Facundo y Miguel Ángel
Facundo y Miguel Ángel

Hablar de fútbol: listo; tomar mate: listo; y hoy ir a ver a los gauchos: listo; como se nota que estoy en Argentina.

 

Ayer Kai y Rosa me comentaron que hoy había un evento de gauchos en Uspallata y no me lo podía perder. En México ya había aprendido sobre la charrería, en Chile sobre el rodeo chileno y ahora en Argentina era el turno de los gauchos.

 

 

Nada más llegar con los jinetes, conocí a Miguel Ángel Coronel y a su hijo Facundo quienes durante todo el día se iban a encargar de animar el evento. Venían desde General Alvear y Miguel es un animador profesional de jineteadas. Me llamó la atención su vestimenta, especialmente su gorro que me recordaba a alguno que tenemos parecido en España.

Con olor a empanadas y carne dio comienzo la demostración de destrezas criollas. Lo más importante para que estas tradiciones no se pierdan de generación a generación es introducir a los más pequeños en este mundo, animándolos a participar; y ellos fueron los primeros en aparecer en acción. Alrededor de cinco niños perfectamente ataviados con la vestimenta tradicional, agarraron sus lazos y trataron de atrapar a un chivo. Es la iniciación de los más pequeños a la piolada de yeguarizos que tendría la oportunidad de ver más tarde. Cuando acabaron cada uno tomó su caballo y a pasear. Era sorprendente verlos cabalgar y manejar los caballos como si estuvieran montando una bicicleta cuando algunos de ellos apenas superaban los cinco años de edad. En especial me quedé impresionado con una niñita que parecía que había aprendido a cabalgar antes que a andar, me quedaba fascinado con la facilidad que manejaba al caballo y la velocidad con la que cabalgaba.

A continuación le llegó el turno a los adultos y comenzaron mostrando sus destrezas con las boleadoras. La boleadora es un arma de origen indígena que tiene dos o tres bolas de piedra o metal unidas mediante cuerdas que se hace girar por encima de la cabeza y se lanza para atrapar al animal que se pretende cazar o atrapar. Con la llegada de los españoles, los gauchos comenzaron a utilizarla como un arma de caza, especialmente con los ñandúes, el avestruz americana. La competencia consistía en que cada gaucho tenía que tirar la boleadora a una réplica de ñandú y engancharla en su cuello mientras galopaba a toda velocidad y así iban acumulando puntos. Si la boleadora la enredaba en las “patas” no era válido, solo puntuaba el cuello.

Más tarde, llegó el momento que estaba esperando: la piolada de yeguarizos, una demostración de lo que los gauchos hacen verdaderamente en el campo. Cuando es la época adecuada, los gauchos tienen que atrapar a los potros más jóvenes para herrarlos y reclamar así su propiedad. Cada pareja tenía dos oportunidades para atrapar a los potros por las patas con sus lazos, siempre atrapando las dos patas a la vez ya que si únicamente agarraban una, el animal corría el riesgo de quebrarse la extremidad.

Por último, hubo una competencia de habilidad y velocidad en la que los gauchos debían utilizar su destreza para dirigir a los caballos entre unos bidones con la mayor rapidez posible y llegar los primeros al final del recorrido.

 

Un día muy enriquecedor culturalmente hablando, ahora siguiendo con los estereotipos argentinos a ver cuándo me toca comer uno de esos famosos asados…

 

 

David

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