dom

03

ago

2014

Día de campo en Casa Bemberg

De der a izq: Cintia, Pájaro, Beba, David, Ale y yo
De der a izq: Cintia, Pájaro, Beba, David, Ale y yo

Esta mañana apenas y si logré salir de la cama. Sentía el cuerpo molido de cansancio y los ojos pesados como si tuviera plomo en los parpados.  Pero escuchaba claramente a los niños-a quienes conocimos antier aquí en La Libertad-hablar con David y preguntar por qué yo aún no salía de la camioneta.

 

Sabiendo que sería imposible seguir durmiendo con los chicos hablando a gritos justo al lado, decidí salir a intentar conseguir agua caliente para un café.   Poco después de saludar a los chicos llegó Cintia, una mujer joven y platicadora, madre de cuatro de los niños con quienes nos habíamos amistado.  Ella nos llevaría a conocer “la capilla”.

 

Apenas tuve tiempo de conseguir el agua caliente para cuando ya estábamos todos montados en la Zaigua: Cintia, los cuatro niños-Ale, Beba, Pájaro y Denis-David y yo.  El café tuve que hacérmelo en el camino, maniobrando para no echármelo encima o bañar con él a Cintia, con quien compartía asiento.

 

Vista desde la capilla
Vista desde la capilla

Llegamos a un sitio llamado Puerto Bemberg, que consiste en algunas construcciones antiguas-según tengo entendido, de los años 40-instauradas en la selva. Entre esas construcciones esta la capilla, que ve de frente al Río Paraná y al vecino país, Paraguay.  Es un hermoso lugar y forma parte del complejo de hostería que es  hoy en día Puerto Bemberg.

 

 

El guardia de seguridad nos permitió estar en la capilla y pasear por los alrededores, para más  tarde tomar el tradicional tereré-yerba mate con agua fría y hierbas refrescantes-que él nos compartió.  La verdad es que por más refrescante que sea el tereré, yo me quedo con el mate.

De der a izq: el guardia de seguridad, Pájaro, Denis, Cintia y yo
De der a izq: el guardia de seguridad, Pájaro, Denis, Cintia y yo

De la capilla nos fuimos al área de recepción del hotel en donde les pedos nos permitiesen visitar la cascada que hay dentro de la propiedad.  Yolanda, que es parte del staff del hotel, nos dio en recorrido entre los árboles frutales, los arboles de yerba mate y nos contó un poco de la historia del sitio mientras nos encaminaba a la cascada.

 

 

Otto Bemberg fue el fundador de lo que se convirtió años más tarde en el imperio Bemberg. Este hombre de carácter empresarial y nacionalidad alemana, se instaló en Argentina a mediados del año 1800. En 1888, junto con su hijo creo la destilería que hoy se conoce  como Cervecería Quilmes–probablemente la cereza más famosa en Argentina.  A la industria cervecera agregó la explotación forestal y agrícola.  Hoy en día la Casa Bemberg y la Cervecería Quilmes ya no son propiedad de la familia Bemberg, todo indica que la causa de ellos fueron disputas políticas con el gobierno peronista –según los que nos hablaron en la biblioteca de Puerto Iguazú.

Cascada de Hotel Casa Bemberg
Cascada de Hotel Casa Bemberg

Este día fue tremendamente caluroso y eso afecta el ánimo de todos. Regresamos a La Libertad extenuados y hambrientos.  Ya que nuestra cocina no funciona teníamos que encontrar comida preparada, pero todo estaba cerrado ya que es domingo.

 

No nos quedó de otra más que hacer camino de regreso a Puerto Iguazú, con el tremendo pesar de que no pudimos despedirnos de Ricardo Carmona, nuestro primer amigo en La Libertad y a quien le prometimos una postal enviada desde México.

 

Así termina un fin de semana de aventuras rodeados de niños y selva.  Ha sido un gusto visitar La Libertad y poder conocer a esta gente tan noble, amigable y sencilla.

Ahora sí, a dormir!!!

 

 

Andrea

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