mié

01

oct

2014

Nuestro pequeño paraíso en Mamoá

Como de casualidad hoy llegamos a un sitio idílico: una playita, lejos de turistas, de tiendas y del tráfico. El lugar parecía como hecho para nosotros; con dos palmeras que rodean la Zaigua, el agua fresca del mar, sol, una pequeñísima cantina que abre apenas hora y media al día y dos perritas que nos adoptaron en cuanto llegamos.

 

En principio paramos solo a ver el lugar y descansar de la carretera, pero apenas nos estacionamos supimos que debíamos quedarnos a reponernos de nuestros doce días de venta continua en Eunápolis, y aprovechar también que teníamos una playa sumamente disfrutable como no la teníamos desde hacía más de un año. 

 

Dimos un largo paseo por la costa y recogimos algunas conchas de la orilla. La playa se llama Mamoá está rodeada por un pequeño y humilde pueblo en el que, al parecer, la mayoría de las mujeres se dedican a hacer cortinas con las hojas de las palmeras.  Justo contiguo a este humilde pueblo hay una muy extensa área  costera de residencias privadas que de humildes no tienen nada.

 

 

Las caminatas que hicimos ahí recorrían gran parte de esas residencias y de vez en cuando nos topamos con alguna persona pero parece ser que son pocas las casas que están ocupadas por ser temporada baja. 

Nos quedamos en Mamoá dos días: el primero descansamos, preparamos la cena y nos relajamos escuchando solo el mar; el segundo día paseamos, recolectamos cochas y por ahí de medio día David se quedó dormido y no despertó hasta casi tres horas después. En ese tiempo yo di una caminata, leí y tomé el sol…

Lo del tomar el sol no salió tan bien como pensé, me di una tremendo quemazón de piel que apenas y si me permite recostarme en la noche. Obviamente los meses en la Patagonia, o los de lluvia en Buenos Aires desacostumbraron a mi piel del sol. En fin, me arde todo!

 

Terminamos el día tomando un vino que traemos de Argentina, nada mal para acabar este día y olvidar un poco mi piel ardida. 

 

 

En definitiva no podíamos haber tenido más suerte al elegir el sitio para dormir esta noche, y he ahí una vez más las ventajas de vivir en una van y cambiar de paisaje casi todos los días: hay ocasiones en las que te encuentras con joyas como Mamoá y eso hace que valga la pena cada estación de servicio o carretera en la que tuviste que dormir antes J

En definitiva no podíamos haber tenido más suerte al elegir el sitio para dormir esta noche, y he ahí una vez más las ventajas de vivir en una van y cambiar de paisaje casi todos los días: hay ocasiones en las que te encuentras con joyas como Mamoá y eso hace que valga la pena cada estación de servicio o carretera en la que tuviste que dormir antes J

 

Algo que nos queda más que claro, es que lo más lejos de los “booms turísticos” que podamos estar es lo mejor: la tranquilidad y el hecho de disfrutar en realidad un sitio por lo que es y no por lo que ofrece le da una perspectiva totalmente diferente a lo que significa “conocer un lugar”.

 

Hemos quedado encantados con Mamoá, para aquellos que quieran pasar por aquí, la playita queda entre Ilehus y Serra Grande J

 

Va ser una pena dejar a las perritas, nos han acompañado todo el tiempo desde que llegamos-pareciera que tenemos aquí ya una semana-pero se ve que son bastante felices persiguiendo cangrejos y descansando bajo las palmeras.  Nos queda el gusto de su compañía.

 

Aunque quisiéramos quedarnos aquí unos días más vamos a tener que continuar ya que el tiempo se nos esta yendo volando!

Y… ya se  nos acabó la comida.

 

 

Andrea

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