Puerto de Gallinas

Viajar a contratiempo es un enorme obstáculo, más cuando se viaja en kombi, sin mencionar que estamos en una de las zonas más lindas de playa de nuestro recorrido y quisiéramos permanecer por más tiempo.  Ya que la visa de David está a punto de expirar y la mía aún no ha sido renovada, no podemos quedarnos tanto tiempo como quisiéramos en algunos lugares, como ahora nos ha sucedido con Praia dos Carneiros.

 

En fin, comenzamos ruta después darnos un baño en la playa, que disfrute enormemente.  En el camino la Zaigua se jaloneó un par de veces y dio una explosión, eso nos dejó bastante nerviosos, pensamos que podía pararse en cualquier momento…

 

Por suerte logramos llegar hasta Porto de Galhinas–Puerto de gallinas–una pequeña ciudad costera que tiene fama de ser una de las mejores playas de Brasil–aunque desde nuestro punto de vista hay otras mucho más lindas y tranquilas. Esa fama la adquirió gracias a su cercanía con la barrera de coral, las piscinas naturales que se forman gracias a ello y el agua cristalina de su mar, lo cual la hace perfecta para hacer snorkel–incluso de noche– o buceo.  

 

A diferencia de las playas en las que habíamos estado anteriormente, aquí se ve mucha más infraestructura hotelera, muchos restaurantes y un sinfín de tiendas. El ambiente aquí nos recordó al de Buzios en Cabo Frio, aunque las cosas son un tanto más caras acá.  

 

 

El característico nombre de Puerto de Gallinas lo recibió durante la época de auge de la esclavitud en el país, ya que era el principal puerto de arribo de esclavos ilegales.  Se dice que en muchas ocasiones  los esclavos tenían que esconderse bajo cajas de gallinas de Angola, lo cual dio pie a que en el puerto se utilizara la frase “hay gallina nueva en el puerto” para anunciar la llegada del navío en que venían los esclavos. 

El pueblo está decorado con gallinas por todos lados, es algo bastante pintoresco: desde versiones gallinescas de Michael Jackson, Frida Khalo, Dalí y Chaplin, hasta las que adornan las casetas telefónicas en la calle.  

 

Lo que nos pareció mas llamativo e interesante es que para realizar las esculturas que adornan las calles se han usado los troncos de palmeras "caídas". De hecho se puede ver el mazo de raíces en la parte inferior de la escultura, es genial. 

Fuimos hacia la playa para conocer sus piscinas naturales, y en efecto están muy cerca de la orilla, uno puede llegar nadando o caminando–ya que el agua está muy baja cuando no hay marea alta.  Hay mucha gente ofreciendo sillas para tomar el sol, cocos, equipo para hacer snorkel, tours, paseos, etc.  Así como también hay mucha gente en el agua relajándose y haciendo snorkel.  Por ende, ver peces puede ser un tanto más complicado que en playas con las mismas características pero con mucha menos gente–como las que hay a pocos kilómetros de aquí.

 

 

Ya que entrar al agua no parecía tan tentador optamos por ir al centro de investigación del Hippocampus–o comúnmente conocido como caballito de mar–que se encuentra a pocas cuadras del centro.  El Projeto Hippocampus funciona desde 1995 y entre sus principales objetivos están el de estudiar la biología de la especie y promover su conservación. 

 

En mi opinión, visitar este lugar es una de las mejores opciones que se tienen al estar en Porto de Galhinas.  Nunca en mi vida había visto  un caballito de mar vivo, mucho menos nadando o escondiéndose entre las algas.

 

Entre las curiosidades del Caballito de mar está el hecho de que en esta especie, es el macho quien se embaraza y no la hembra.  La hembra deposita sus óvulos en una “bolsa” en el cuerpo del macho para que este los fecunde e  incube, dando a luz entre 600 y 1000 crías.

 

 

Desde el momento en que nacen las crías son independientes, saben nadar y cazar, por ende no necesitan al padre ni a la madre. Al ser monógamos, la pareja de Hippocampus se mantiene unida hasta que la muerte­ los separe, y cuando eso sucede, raramente el que queda vivo encuentra otra pareja. 

Regina
Regina

Nuestra guía fue Regina, una chica muy agradable y sonriente que nos hizo el favor de hablar despacio y con mímica para que entendiésemos los detalles que nos daba en portugués.  La verdad es que esta visita fue un placer.

 

 

Estacionamos a la Zaigua frente a una posada–Recanto do Cajá–y al poco rato salió la dueña del lugar a ofrecernos una ducha–probablemente nos vio muy necesitados–así que este día lo terminamos frescos y limpios. Ya solo nos queda resolver la falla de la Zaigua que es lo más importante, parece que ya le pesan todos los kilómetros que ha andado…

Tendremos que consentirla un poco con buenos cuidados.

 

 

Andrea

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Comentarios: 1
  • #1

    Raquel Ro.Venzor (martes, 28 octubre 2014 04:26)

    wow me encanto!
    quiero ir a ese lugar amé lo de las gallinas por todo el lugar y ME ENCANTO lo de loscaballitos de mar, sobretodo ese dato curioso!! jiji muchos saludos!!
    Cd. Juárez, Chih. México.

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