Renovación de pasaporte

Llegamos a Joao Pessoa, la capital del estado de Paraíba. Habíamos leído que si ben, las playas de este lugar son lindas, no son tan remarcables como otras que hay no muy lejos de aquí–como Pipa, por ejemplo–y ya que el tiempo de nuestra estadía en Brasil se va acabando rápidamente habíamos decidido saltarnos Joao Pessoa.  Pero no fue así...

 

Estamos a una semana de que venza nuestro permiso para estar en Brasil y ya que nos han mencionado varias veces que el pasaporte se debe renovar con la Policía  Federal en aeropuertos internaciones–además de que otros viajeros ya lo han hecho así–planeamos renovar mi estadía en el aeropuerto de Joao Pessoa.

 

Como ya habíamos mencionado anteriormente, David no puede acceder a una extensión de visa aquí debido a que entre Europa y Brasil no se ha llegado a ningún acuerdo que indique lo contrario.

 

En el caso de México, tuve la suerte de que el año pasado en Marzo se firmara un acuerdo de reciprocidad entre los dos países con el cual otorgan un tránsito más libre a sus  ciudadanos.  Según lo que leí en el informe del evento y lo que me dijeron en el consulado brasileño, un mexicano ya no necesita de carta de invitación para visitar Brasil, así como tampoco un registro de cuenta bancaria que avale que tiene el dinero “suficiente” para permanecer en el país. Además de que pude permanecer en Brasil por 180 días. Lo mismo para brasileros que visiten México.

 

Fuimos al aeropuerto internacional –ya con el recibo de pago en el banco por el trámite–y me dirigí a la oficina de Policía Federal, ahí el oficial me dijo que estaba en el lugar equivocado, que los pasaportes nunca se renuevan en el aeropuerto… y me envió a Cabedelo, una población que se encuentra a las afueras de Joao Pessoa, a unos 40 kilómetros del aeropuerto.  

 

Por ser sábado no nos pudieron atender, me dijeron que regresase el lunes a las 7:00am. El oficial con quien hablamos nos recomendó unas playas cercanas para pasar el fin de semana, y ya que había que quedarse aquí hasta el lunes, optamos por seguir su consejo. 

 

 

Para renovar el pasaporte hay que pagar una taza de 67 reales, en el recibo indica el estado para el cual pagaste y es en ese estado en el que se debe hacer el trámite, es por eso que tuvimos que quedarnos en Joao Pessoa en lugar de continuar ruta hasta el lunes y renovar en otro departamento de Policía Federal. 

El fin de semana lo pasamos en playa Bessa, en el estacionamiento público.  Nos llevamos la muy grata sorpresa de que la gente aquí es muy amable. Fueron varias las personas que se acercaron a  conocernos, a ofrecernos “lo que necesitáramos”,  a platicar un buen rato y a desearnos buen viaje; hasta nos regalaron coco, mariscos y una copita de cachaza.  Pasamos el fin de semana tranquilos, pero un tanto desesperados por seguir avanzando.

 

Hoy lunes  estuvimos en la dependencia de Policía Federal poco después de las 7:00am. La primera persona cn la que hablamos fue una guardia que me preguntó si había agendado mi cita. En nuestro mal portugués intentamos explicarle que el sitio web–en el que se imrime la ficha de pago y se llena un formulario– por ningún lugar vimos que agendar una cita era necesario.  Ella parecía algo exasperada e inmediatamente me dijo que no me iban a atender hoy, que regresara pasado mañana–ya que mañana es feriado.

 

Tratamos de explicar de nuevo nuestra situación, entonces ella nos dijo que podíamos esperar en la sala pero que probablemente no nos atenderían.  Ya que cada día dan 10 lugares, tenia de mi lado el hecho de que solo había 8 personas esperando ser atendidas.

 

Pasaron todos los que tenían cita y un rato después la secretaria me llamó para que yo también pasara.  El agente que me atendió revisó mi pasaporte   me preguntó que si cuánto tiempo necesitaba para dejar el país, cuando pedí los otros 90 días me dijo que eso no era posible, que no tenía derecho siquiera a un día más luego del vencimiento de los primeros 90.

 

Me mostro una tabla en la computadora en la que aprecian las clausulas para cada país, y en ella decía que un mexicano solo puede pasar 90 días en Brasil.  Le hablé de la información que me dieron en el consulado brasileño, sonrió y me dijo “ellos no saben nada”. Traté explicarle que el año pasado se firmó un acuerdo entre México y Brasil y que por ende esa tabla que él me estaba mostrando era obsoleta, pero ¿quién soy yo para explicarle de normativas a un agente de migración cierto? Eso fue exactamente lo que él pensó y me pidió que esperara a que su superior se desocupara y pudiera atenderme. 

 

La mujer que me atendió a continuación buscó directamente mi registro en la computadora y se sorprendió al ver que a la entrada al país me otorgaron 180 días de estadía–y no 90 como ellos aseguraban.   A pesar de que en el sistema estaba escrito que me podían dar otros 90 días para completar mis 180, me dijo que no estaba segura de que eso fuera lo correcto. Y me puso a esperar un rato más.

 

Cuando me llamó de nuevo me informó que para que pudiese permanecer en Brasil necesitaba llevarles una carta de invitación y mi estado de cuenta–el cual debía tener al menos 4,500 reales (más de 2,000 dólares), 50 por día–también debía llevarles la reservación de un hotel y un billete de avión o autobús que demostrara que tenía forma de salir del país. De no ser así no podían renovarme el pasaporte. 

 

Para ese punto ya no sabía si llorar o reír. Antes de llegar a Brasil me informé acerca de mi trámite migratorio en este país y nada de lo que mencionaban eran requisitos que tuviese que cumplir, además de que no cumplo con ninguno.   Entonces le explique a la agente que nos dedicamos a escribir artículos por internet, a vender artesanía y que estamos haciendo un proyecto documental; también le explique que vivimos en una kombi y que es por ello que no tengo reserva en ningún hotel y tampoco un vuelo, ya que pienso dejar el país en ella.  Entonces me dijo que lo sentía, que esperara a que su jefe se desocupara y quizá él podía hacer algo por mi caso.

 

Luego de un rato en la sala de espera me llamaron, habían “liberado” mi estadía y podían renovarme el pasaporte. No explicaron qué fue lo que cambió en mi situación, así que supongo que el jefe les informó de la existencia del tratado que firmaron Peña Nieto y Rousseff el año pasado. 

 

Sea lo que fuere, me renovaron el pasaporte y eso me va permitir salir del país sin ninguna multa–por cada día que permanezcas ilegalmente en el país debes pagar 8 reales.  Ya solo nos quedará cubrir la multa que genere la estadía  extemporánea de David.

 

En cuanto a la estadía de la camioneta–y esto es información importante para cualquier viajero con vehículo–la normativa cambió en 2013, pero muchos agentes y oficiales no conocen la nueva reglamentación.

 

En nuestro caso, al entrar al país, el agente aduanero que nos atendió nos dio una hoja que explica las cláusulas de la nueva normativa (IN-1361|2013) y nos indicó que debíamos mostrarle esa hoja a los oficiales de policía que nos pidiesen cualquier otro documento–más allá de la tarjeta de circulación y la licencia.

 

En esta hoja dice que mientras la persona a nombre de la cual estén los papeles del vehículo–el propietario–se encuentre de forma legal en el país, automáticamente el vehículo lo está también. Por ende si el dueño esta de manera ilegal en Brasil, el vehículo lo está también. 

 

Hoy le mostramos esa hoja al agente de migración para preguntarle qué pasa con el vehículo luego de que se dueño permanece en el país de forma ilegal, él agente nos dijo que por lo que dice la nueva normativa solo es necesario que la persona pague su multa y de esa manera tanto la persona como el vehículo regularizan su situación.

 

Salimos felices de haber terminado con cuestiones burocráticas y poder seguir la ruta. Hoy ya no tenemos tanto tiempo como nos gustaría pero seguro alcanzamos a llegar a Pipa, la playita que tanto nos han recomendado para recargar energías.

 

 

Andrea

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