Jericoacoara

Esta mañana  a las ocho en punto  llegó un buggy de Trip Jeri a recogernos en  Playa Preá, íbamos camino a la muy famosa playa Jericoacoara, de la cual nos han hablado literalmente hasta el cansancio. Tomamos nuestras mochilas y la tienda de campaña y nos “montamos” al buggy.

Trip Jeri-Viagens & Turismo
Trip Jeri-Viagens & Turismo

 Hace 20 años Jericoacoara no era más que una hermosa villa de pescadores en el norte de Ceará. La playa enmarcada por las dunas, el hecho de que no hubiese electricidad y su lejanía de las urbes la hicieron un lugar deseado por aventureros, amantes de la naturaleza  y personas buscando algo de paz.  En 1984 fue declarada una zona de protección ambiental y en 2002 se convirtió en un parque nacional.  

 

Hoy en día, la cantidad de buggies yendo y viniendo de Jericoacoara, todo el merchandising –camisetas, gorras, sandalias, etc. con el nombre de Jeri por todas lados–mas la cantidad de tours y pousadas que hay en el pueblo, te permiten hacerte una idea de que aquel tiempo en el que Jeri–como se le llama–era  una pequeña y tranquila villa de pescadores han quedado muy atrás…

Por lo visto, Jeri se ha puesto de moda y no todos quieren admitirlo. 

 El paseo en buggy –de unos 20 minutos–fue divertido y nos hizo agradecer profundamente no habernos arriesgado a tratar de meter la Zaigua por estos caminos de arena–en los que seguramente nos hubiésemos quedado atorados.   

Trip Jeri
Trip Jeri

Luego de un tramo al lado de la playa el buggy fue internándose en las lomadas de arena hasta que llegamos a Jeri; si bien el buggy es rápido y efectivo, yo no lo recomendaría a alguien que tiene problemas en la espalda a menos que quiera terminar molido.

 

 

Recorrimos con el conductor el pueblo en busca del camping en el que nos quedamos–algo importante es ir con la  información completa del lugar en el que se van a hospedar, ya que a pesar de no ser un pueblo muy grande, hay muchas posadas y nunca está de más llevar la dirección exacta para evitarse pérdidas de tiempo. 

 Llegamos a Flaco Camping y apenas entrar nos pareció el sitio ideal para mochileros, cualquier persona que guste de acampar y/ o que busque precios más bajos.

 

Ya que no teníamos la dirección del camping no teníamos idea de dónde estaría, así que cuando dimos con él nos llevamos la grata sorpresa de que se encuentra en la calle principal, a muy poca distancia de todas las tiendas y restaurantes, pero al mismo tiempo en un lugar que deja fuera el barullo de los buggies, motos y el ruido de la gente.

 

El Flaco es un camping pequeño, acogedor y con todo lo que podíamos necesitar: cocina, guarda equipaje, hamacas bajo la sombra y tranquilidad. Ah! Y también un prensa italiana de café que disfruté por la tarde y la mañana J

Luego de instalarnos fuimos a conocer el pueblo y la playa. En cuanto al pueblo: nos pareció que no es tan caro como nos lo habían dicho; si bien hay restaurantes y tiendas caras, también tienes opciones económicas, puestitos callejeros, panaderías baratas, artesanos que parchan en la calle, y mini-mercados con los mismos precios que en la ciudad.

 

Las calles de arena se extienden hasta llegar a la playa, que es extensa y tupida de colores por la gran cantidad de personas practicando kite y wind-surf, es impresionante.  

Llegamos cuando la marea estaba muy baja, así que el agua nos llegaba si acaso a las rodillas, no importa cuánto caminásemos mar adentro nunca nos llegó a la cadera. El viento es fuerte y constante–tanto así que se te puede dificultar oír a la persona que tienes al lado–no por nada Jeri fue calificado como el mejor sitio para practicar deportes de viento en Sudamérica.  

 

 

A pesar de la falta de profundidad nos quedamos a chapotear un buen rato en el agua.  El calor es tan intenso que hace que te olvides de lo molesto que puede ser el viento y disfrutes la temperatura fresca que te deja en el cuerpo cuando estas mojado. 

Mientras estábamos en la playa comenzamos a ver que para ser lunes, el flujo de gente era mucho.  Un hostelero ya nos había mencionado que en Jericoacoara siempre es temporada alta y después de hoy no tenemos la menor duda de que nos dijo la verdad.

 

El recorrido obligatorio en la playa te lleva a la cima de la Duna del Sol para ver el atardecer, así que por la tarde salimos del agua y nos pusimos en marcha rumbo a la duna. Conforme íbamos caminando veíamos cada vez más gente frente y por detrás de nosotros, tanto así que comenzamos a preguntarnos de dónde estaban saliendo todas esas personas. Parecía imposible que en un pueblo tan pequeño cupiesen tantos visitantes. 

 En la duna el viento se sintió más fuerte que nunca, para mí era algo realmente molesto y hasta doloroso por la arena. A pesar de eso, debo admitir que las vistas eran lindas y aunque éramos tantos allá arriba, pudimos disfrutar de un atardecer tranquilo y observar cómo iban cambiando los  colores del mar y del cielo.

 

Al bajar de la duna encontramos un grupo de capoeira–que por lo que hemos escuchado siempre están ahí luego del atardecer–animando a la gente con su danza y música, me gustó mucho. 

 

Al lado, en la calle que conecta la playa con el pueblo,  comenzaban a abrir los chiringuitos de bebidas y empezaban a rolar las caipirinhas, caipiroskas y demás. 

Nos fuimos directo al camping a darnos un baño para quitarnos los kilos de arena y sal que traíamos encima. Disfrutamos un rato de la tranquilidad del Flaco, me preparé un cafecito y con las pilas llenas de nuevo salimos a dar nuestra ronda nocturna.


Jericoacoara se activa notablemente al caer la noche: los bares, tiendas y restaurantes abren sus puertas, ponen algo de música para amenizar el ambiente y encienden luces que le dan algo de chispa al pueblo.  Recorrimos las callecitas hasta cansarnos…


Lo mejor es saber que podemos descansar en un lugar tranquilo–a pesar de no ser nuestra Zaigua–para descansar de nuestro muy turístico día y mañana seguiremos con  nuestras rodas en Jeri.


Andrea

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