Cambio de aires

El Paraíso
El Paraíso

Ayer entre unas cosas y otras de nuevo se nos vino la noche encima y nosotros sin un lugar donde dormir. Recordamos que nuestros amigos viajeros Juli y Aldo nos habían recomendado el Salto de la Golondrina, un lugar del que no estábamos muy lejos y hacia allá nos dirigimos.


Cuando llegamos allí no se veía nada, excepto por el espectáculo nocturno de cientos de estrellas que nos iluminaban un poquito. Hoy al levantarnos vimos que estábamos en un lugar muy preparado para el turismo con zona de acampada y puestos de artesanía y comida pero no había nadie (todo lo gestionan los indígenas Pemones). Se supone que también hay que pagar una pequeña entrada de 20 bolívares pero como tampoco había nadie para cobrar nos fuimos de excursión por los alrededores.

La zona se caracteriza por dos cascadas, la más pequeña es la de las Golondrinas y la más grande es El Paraíso, a cada cual más linda. Si hubiera sido más tarde nos hubiéramos pegado un chapuzón pero como todavía era temprano y hacía fresquito decidimos ponernos en ruta para visitar la última cascada que teníamos pendiente en la Gran Sabana: la de Kamá.


El salto de Kamá es uno de los más turísticos de la Gran Sabana ya que está situado a escasos metros de la carretera principal y su altura de alrededor de 50 metros es el gran atractivo. El salto es precioso y nos recibió con un colorido arcoíris. Cuando estábamos a punto de bajar a la poza donde terminaba el salto del agua, llegó un autobús entero de turistas con bañador en mano dispuestos a adueñarse de la poza y se nos quitaron las ganas del chapuzón, últimamente no congeniamos mucho con las aglomeraciones.

Salto de Kamá
Salto de Kamá

Y sin más nos pusimos en ruta saliendo del Parque Nacional de Canaima que dejó en nosotros muy bonitos recuerdos (y mucho picor debido a los molestos puri-puri, unos insectos que dejan un escozor durante varios días). Atravesamos la frondosa sierra de Lema, cruzamos el tan mentado punto kilométrico 88 que desde que entramos a Venezuela nos advirtieron que ni paráramos ya que es una zona peligrosa (nosotros no la vimos tan mal) y acabamos de llegar a Tumeremo.


En cuanto entramos a esta ciudad nos recordó de inmediato a Colombia, ya que se escuchaba mucho vallenato cuando el ruido de las decenas de motos que pasaban te dejaban escucharlo. Parece que nos quedaremos acá aprovechando que por una vez no es de noche y tenemos más tiempo para ver donde dormiremos aunque todo indica que será en el estacionamiento del hospital, atrás quedaron nuestras comodidades de las gasolineras de Brasil, Argentina… habrá que acostumbrarse.


David

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