Varados en el Caribe

Ya que las fechas navideñas se acercaban, decidimos dirigirnos hacia el noreste venezolano, con planes de pasar estas fechas en esa región de playas. Llegamos a Puerto Cabello, un sitio que en sí no tiene mucho encanto pero sería nuestro punto base ya que está rodeado de playas y  dos parques naturales.

 

Apenas llegar conocimos a dos oficiales de policía, ya que David se hizo un cigarro de liar –que aquí no se ve- y la policía sospechó que pudiese ser mariguana… así que nos pidieron mostrarles nuestros pasaportes, revisaron la bolsita de tabaco de David y también el cigarrillo, luego fueron a revisar la Zaigua. Cuando vieron que eso no era en absoluto mariguana, que somos viajeros y que vivimos en una combi, cambaron bastante su actitud y se quedaron platicando con nosotros cerca de una hora de la situación del país.

Los policías nos sugirieron que nos quedásemos ahí en el malecón –donde estábamos-ya que por la tarde iría mucha gente  y podíamos aprovechar para vender nuestra artesanía. Además de que estaríamos muy cerca de la estación de la policía y en una área bastante segura.  Les hicimos caso y en efecto, pudimos vender y ver por primera vez una feria venezolana.

 

En poco tiempo conocimos a varias personas que se acercaban a hablar  con nosotros y a contarnos sus vidas, es impresionante la apertura  que tienen las personas aquí.

 

Una de las personas que conocimos es William, un hombre que se acercó a la Zaigua porque le llamó la atención la placa que dice 'Jalisco, Mexico'. Precisamente su hija había llegado de México un par de días de atrás y les pareció mucha coincidencia encontrarnos aqui. Nos invitó a pasarnos por su restaurante Lanceros I para platicar un rato y conocer a su hija, Graciela. 

 

La pasamos muy bien con William, Graciela y unos amigos de la familia. William nos invitó algunas cervezas y una cena deliciosa. Hablamos de todo, de aqui, de allá, de la comida mexicana y la venezolana, de la politíca y las oportunidades...  Fue una tarde muy amena, además de inesperada. 

 

Al día siguiente cuando nos íbamos, la  Zaigua simplemente no encendió. Tratamos y tratamos y nada… Ya que teníamos la Navidad encima ningún mecánico estaba trabajando. Así que nuestros planes cambiaron drásticamente.

 

Por suerte conocimos a Rachadell, un chico que se acercó a ver qué era lo que sucedía con la camioneta y nos echó la mano  ayudándonos a  encontrar un buen mecánico y dándonos consejos que nos han sido bastante útiles.

 

Ya que debíamos quedarnos aquí en Puerto Cabello hasta que lográsemos hacer algo por la camioneta, seguimos poniendo nuestro puesto de artesanía por la tarde, así fue como conocimos a Maylin, una chica llena de energía y súper amigable, que nos ha acompañado, ayudado y hasta nos hizo unas galletitas y arepas. Ella vende “cebollitas” en la calle, también vende galletas y siempre está buscando nuevas oportunidades para superarse.

 

La verdad que hemos hecho buenos nuevos amigos, dentro de lo malo, nos está yendo muy bien.

Hoy vino el mecánico que conoce Rachadell, y no nos dio muy buenas noticias… de hecho, no dio noticias preocupantes. Por lo visto las válvulas del motor están descompensadas y una de ellas ya está trabajando al mínimo, lo cual nos está causando un montón de problemas más en el motor. 


Los arreglos no se le pueden hacer hasta después de Navidad, si tenemos suerte, o quizá hasta luego de año nuevo.  El mecánico nos la echó a andar para que podamos movernos por aquí estos días, buscarle repuestos y no estar tan aburridos.  Muy probablemente si podamos conocer algunas playas al menos de aquí alrededor.


Así que la Zaigua ha decidido quedarse en Puerto Cabello por un tiempecito… y nosotros aquí con ella.


Andrea

 

 

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